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lunes, 2 de septiembre de 2013

Balance Anual

La ruta se tapa de hojas
todo vuelve a empezar
pero el tiempo es irreversible
tantos senderos que ya no he de caminar.

Una vuelta alrededor del sol
del perfecto equilibrio, una exploración
tan único y finito
como el latir del corazón.

No estaba en el programa
del posgrado que iba a hacer
materias sobre 'patear el tablero'
para mirar todo al revés.

A vivir la vida con lo puesto
hace un año salí a jugar
será imposible de olvidar
será imposible de terminar.


viernes, 9 de agosto de 2013

Al fin un poco de Inspiracion Vol V

Medialuna y estrellas. El tambor suena en la calurosa madrugada turca. Caminamos por las callecitas del pueblo avisando a los ayunadores del Ramadan que aprovechen para comer antes que el sol lance sus primeros rayos. Después de mas de cuatro mil kilometros desde que salí de Roma se ve en el horizonte un nuevo mundo, el elefante asiático asoma.Sigo sin entender bien todo lo que pasa en este camino, por momentos creo que vivo una realidad paralela, una fabula que inventa mi cabeza. Fantasía o realidad? Poco importa cuando solo se trata de viajar.


Reflexiones en el aire


En siete horas de vuelo el avión cruzó medio continente africano, que a mi me llevo cinco meses de pedaleo. Mirando por la ventanita del Airbus era inevitable pensar en la relatividad del tiempo y la distancia. Cuántas historias se les pueden robar a esas pocas horitas?
Las dunas del Sahara parecen tan inofensivas desde la altura, casi suspendidas.
‘No me arrepiento de un solo día en la ruta, pero tampoco los quisiera repetir’ me dijo Dan mientras lo cruzábamos en días difíciles de viento y arena. La frase tomaba mucho sentido desde ahí arriba.

Nostalgias Romanas


Bajé de mi vuelo en el aeropuerto de Roma y esperando mi bici, o lo que quedara de ella, llegaron los pasajeros de Aerolíneas Argentinas. Argentos por todos lados!! Me sentía raro, rarisimo, no sabia si quería ponerme a charlar o no, una parte de mi quería también escapar. En el bus al centro de la ciudad tenia atrás tres chicos de mi edad que venían a vacacionar a Italia. Se sentía la ansiedad y alegría que tenían de llegar a un lugar nuevo. Yo podría haber estado allí tranquilamente, pero me encontraba embarcado en algo tan diferente que me daba vergüenza hablarlo. 
Un argento cincuenton que estaba al lado mio le llamo la atención mi casco de bici. ‘A India?’ ‘Si’, ‘En bici?’, Si. Se rió y ahí se termino la conversación.
Una vez en el centro de Roma me encontré con Guille, el armenio, amigo de mi antiguo trabajo en LAN, que me vino a visitar unos días  Metí a mi cabeza en un gran lío  En medio de esta aventura me junto con este amigo y es como si el tiempo no hubiese pasado, como si estuviéramos tomando una cerveza en un día de oficina, con la diferencia que después el se vuelve a Argentina y yo sigo pedaleando para India... loquisimo.
Fueron días donde relaje el presupuesto de vagabundo. Vacaciones con helado, pizza y cerveza. Charlamos mucho de la vida mientras caminamos las calles de Roma. Una ciudad fantastica, un monumento a la civilizacion, a pesar de los turistas. La despedida fue particularmente dificil para mi, no solo me despedia de un gran amigo hasta no se cuando, me despedia de Argentina otra vez.


Como en Casa


Monterotondo ya lo conocia de nombre mucho antes de llegar a Italia. Este pintoresco pueblito a treinta kilometros de Roma fue donde estuvo alojado mi amigo (y cuñado ejej) Carlitos en su año de intercambio cuando estábamos en el secundario. Las vueltas de la vida hicieron que ahora fuese mi turno de visitar a su familia. Claudia, Martina y Sara me recibieron como el hijo/hermano viajero que hace tiempo no veían  Fue lindísimo volver a sentir un poquito del calor que brinda el día a día familiar.
Aproveche los días para tramitar la renovación de mi pasaporte en el consulado de Roma. Si ustedes pudieran ver el pasaporte que me dieron (con el que actualmente estoy viajando) les robaría unas cuantas sonrisas. ‘PASAPORTE DE EMERGENCIA’ dice en la tapa. Todo escrito a mano, duración de un año y una foto para mandar al museo (sacada en Sierra Leona con una remera amarilla que antes era blanca, una de esas tardes que el calor y la mugre se ven en el pelo y cara con claridad).
También fue un buen momento para poner a punto la bici. Junto a la estación de trenes se encuentra la ciclo oficina popular de Monterotondo. Le sacamos el polvo rojo africano a ‘La Poderosa’, cambiamos piñon, cadena, cables y la cubierta trasera que estaba lisa. No me quisieron cobrar un euro. Con Noemi (la encargada) empezamos una mini entrevista que termino siendo una lindísma y prolongada charla de la vida. Que bien hace cruzarse gente así en el camino.
Llego el día de partir. Fede, mi amigo italiano que conocí meses atras en Portugal, vino hasta Monterotondo para empezar a rodar en Italia. Las chicas, Sara y Martina, se animaron a acompañarnos los primeros kilómetros hasta que una cuesta marco el fin de la aventura. Allí me despedí de mi primer familia italiana!
De nuevo sobre las bicis. Fede tenía una cita obligatoria en Florencia: debía presentar su viaje en una feria de sustentabilidad a pedido de los sponsors. Hacia allá fuimos. Colinas verdes, bosques, pueblitos medievales estratégicamente erguidos en la cima de las cuestas, el sol y la lluvia primaveral, todos elementos  que marcaron nuestro paso por las pintorescas Umbria y Toscana.
Ya en Florencia nos encontramos con toda la familia de Fede que se vinieron para despedirlo. Paso la presentación con un poco de nervios y cuando se apagaron las luces solo quedaba un desafío .. pedalear!.
Justo antes de partir, la muela de juicio obliga a Fede a posponer la salida. Dejamos las bicis en Florencia y nos fuimos en auto a Ascoli Piceno,  el pueblito donde vive la madre y el tío dentista. Fueron días muy especiales. Una semana en la que disfrute estar en una casa sin hacer mucho mas que leer, ver documentales, mientras afuera no paraba de llover. Pequeños placeres que se pierden en la ruta como sentarse en un sillón o estar todo el día en medias sin salir a la calle.
Con una muela menos volvimos a Florencia. Ahora si, salimos. Rumbo norte pasamos por el parque nacional de la Cinque Terre. El mediterráneo azul profundo choca contra enormes barrancos de piedra y en sus pequeñas grietas, lugares difíciles de explicar que se puede construir algo, aparecen pueblitos muy pintorescos.
La ruta costera nos llevo hasta Portofino, muy cerca de Genova. En uno de los pueblos mas exclusivos de Italia y a metros de la mansión del Cavaliere  me di el primer baño en el Mediterráneo.
Unos días para visitar a Marilu y Mauro, tía y primo de Fede que nos trataron de manera tan afectuosa que costaba encarar la ruta de nuevo.
Después de unas cuestas vendría la ‘Pianura Padana’: Una especie de pampa productiva, llena de plantaciones de cereal, vacas y camiones... como la provincia de Buenos Aires.
 Aprovechamos para pasar a saludar a Roberto Bressan, el cuadrista de bicicletas que sponsorea a Fede. Los ruidos en mi bici me preocupaban y le preguntamos si le podía dar una miradita... ‘hoy se quedan a dormir acá y mañana la revisamos’. A la mañana siguiente descubrimos que la mitad de los rayos de la rueda trasera estaban a punto de explotar... Roberto lo arregló en un ratito (y eso que todavía se sentían las copas de mas de la cena!), salvándome de un gran dolor de cabeza.
Ya del otro lado de Italia llegamos a Venecia. Una visita fugaz para recordarme la increíble capacidad del ser humano para modificar su entorno... y también la de crear un turismo de masas que se roba gran parte de esta belleza.
Antes de entrar a Eslovenia pasamos unos días en los Dolomitis (Alpes). Mi amor por las montañas es irracional. Nos salimos completamente de la ruta a oriente para pedalear por pasos de montaña realmente altos y largos... la belleza del paisaje también demasiado irracional para intentar describirla en una hoja.
Volver a Europa fue volver a occidente, la sociedad de consumo y a un individualismo que duele. Pero también fue de alguna manera volver a mi país  En estos días en Italia conocí gente y familias realmente increíbles que me brindaron todo su cariño. Y no podemos escapar de nuestras raíces  somos muy parecidos. Sin dudas Italia fue como estar un poco en casa.



Infinito


Perdido en las montañas de Toscana se encuentra Boveglio. Un pueblito que vio nacer a mi tatarabuelo. Como no pasar a visitar si una parte de este viaje empezó allí!Llegamos transpirando la subida. Callecitas de piedra bien angostas y empinadas. Nos costó encontrar gente, el pueblo parece dormir una eterna siesta. Caminamos un poco hasta que encontramos un señor sentado en la puerta de una casa bien antigua. Fede hace de traductor y le explica que buscamos algún Iacomini (mi familia materna). Sin decir nada, pero con una sonrisa, el hombre de cabello blanco apunta una casa a unos veinte metros de donde estábamos.

Golpeamos un par de veces, se escucha mucho ruido del otro lado. El viejo portón de madera se abre y del otro lado esta mi abuelo Cacho. Cachito? No entendia absolutamente nada. Que hacia Cachito ahi tan lejos de sus sierras tandilenses? Le di un abrazo enorme y no alcance a preguntar nada que apareció toda la banda, mi abuela, mama, tíos  primos, hermanos. Toda la congregación Iacomini!! ‘Somos unos poquitos los de Argentina’ me dice mi tía Elina. Eran mas de cien personas en el patio interno de una casona.

Mi hermano Tito me cuenta riéndose que llegaron hace una semana a Italia, invitados por una tía italiana que organizo todo y que también pago todo! (Dicen que la tía rica tiene contactos con la Camorra Napolitana).Nos ponemos a charlar con los chicos que están al lado. ‘ We are the Iacomini’s from Chicago’ dice uno en perfecto ingles...Me distraigo de la charla por que lo veo a Cachito contándole el cuento de la buena pipa a un sobrino lejano de Australia que lo mira sin entender mucho ‘ Buina Paipa??’ pregunta... ‘no te dije Buina Paipa, te dije si queres que te cuente ...’ un fenomeno cachito jeje.
El almuerzo, unos spaghettis al dente que se mandan los Iacominis italianos. El postre quedó a cargo de Argentina y es la gloriosa pasta frola de mi abuela Hilda (Cachita). Dos días cocinando estuvo Cachita para tener postre para cien personas.
La tarde pasa conociendo familiares de todos lados del mundo... cual habrá sido la semilla de semejante árbol??, el inicio de esta historia??

Y la luz de la mañana me despertó . Mientras desarmaba la carpa pensaba.. que lastima que en Boveglio no quedan rastros de los Iacomini.. y que rica hubiera estado esa pasta frola..

Y mientras pedaleaba , pensando que escribir,  se me ocurrió que podía inventar un sueño...

Y...

Fe de Erratas: Me informaron que la familia Iacomini no viene de Boveglio sino de Brandeglio... 'eso lo explica todo' solía decir un amigo mío... ajaja

Cometa Veneto


Como de costumbre se nos hacia tarde en la ruta sin un lugar donde dormir. Esa incertidumbre motor de las mas lindas experiencias. El no saber que va a pasar!.
La zona era difícil para acampar libremente, a la derecha un canal de agua que desmboca en Venecia, a la izquierda quintas con mansiones de hace siglos atrás. Transitabamos la famosa Via Veneta..
‘Vamos a tener que tocar puertas’ dijimos mientras nos reíamos de solo pensar al punto que llegamos. Golpear la puerta de las propiedades mas caras del país para pedir un pedacito de tierra para acampar.
Un par de portones sin respuesta hasta que llegamos a uno que estaba abierto. Entro tímidamente a la quinta con la bici y aparece una señora muy simpática  Trato de explicarle lo que necesitamos pero me dice que quien toma las decisiones es el esposo y que el llega en unos quince minutos. ‘ Lo esperamos’ le decimos. Estábamos jugados, el sol no nos regalaba mucha mas luz. ‘Cuando vean un auto chiquito amarillo es el’ nos dice un poco orgullosa de la austeridad del carro.
Finalmente llegó. Dejamos unos minutos para que la señora le explique. Nosotros lo esperábamos afuera del portón.  Cargaba un look desprolijo que nos hacia intuir ‘ este tipo debe ser buena onda’. Se nos acerca y de mala manera pregunta ‘Qué pasa? ’. ‘Ufff le erramos de quinta..’ pensé  Le explicamos y nos dice ‘ Pueden poner las carpas allí  apuntando un pedacito de pasto afuera de su propiedad, al lado de la ruta.
Era más que suficiente para nosotros, pero no dejaba de sorprender que teniendo un parque gigante nos mandara a dormir del lado de afuera. Imagino un acto de defensa natural, de su propiedad, frente a los invasores.
Armamos campamento y nos pusimos a cocinar la cena. El hombre se acerco de nuevo a charlar un ramito  con las barreras un poco más bajas. Yo lo había prejuzgado por su actitud y aquí me mostró otra cara completamente diferente. Nos cuenta que es un productor agropecuario que se ve que le va muy bien económicamente  Lo acompaña su hijo de unos diez años y una nena un poco mas grande que nos miran con timidez. Nosotros le contamos un poco quienes somos y tratamos de responder el famoso ‘Por qué?’.
A los cinco minutos vuelve con una botella de vino y una fuente de rúcula fresca que produce el mismo. Mas tarde grapa y galletitas dulce de postre. No se si se sentía mal por el trato inicial o simplemente le caímos bien, pero el cambio en la actitud para con nosotros era asombroso.
Por la mañana, apenas abrimos los ojos, nos espera paradito al lado de las carpas el nene de la familia. Un gordito de piel muy blanca, tan blanca y limpia que imagino le faltan horas de jugar al aire libre, embarrarse un poco. Nos invita café y galletitas que nos trajo. Nos cuenta que no pudo dormir pensando en nosotros y las ganas de venir a ver que haciamos por la mañana. El quiere ser cheff pastelero pero dice que su papa quiere que trabaje en la empresa familiar. No existe trabajo que le quede mejor en el mundo a ese nene que cheff de tortas de chocolate de cinco pisos. Nosotros no podíamos decirle otra cosa mas que lo que realmente tratamos de hacer con nuestras vidas, ‘no existe compromiso en la vida mas importante que hacer lo que a uno le gusta’...y le robamos una sonrisa grande.
Abrazo y foto de despedida. ‘En cuanto habremos afectado su camino?’ pensaba. Días mas tarde la madre escribió en el blog de Fede que no sabe que le dijimos a su hijo pero que no paraba de hablar de nosotros.



Vidas Alternativas


Muchas veces tengo la sensación que vivimos en un gran juego de ajedrez, con infinitos casilleros y fichas, donde nos han enseñado que hay una sola estrategia ganadora. Cómo es posible?
Hay gente que se anima a jugar diferente, a desafiar la estrategia única  Este es el caso de Dino, un hombre de setenta años que creo Panta Rei, una aldea ecológica frente al hermoso lago Trasimeno. Escuelas de toda la región visitan el lugar para entender sobre vida sustentable y cercana a la naturaleza. Fueron unos días lindisimos que compartimos junto a voluntarios de todo el mundo.
Bajando de los Alpes nos encontramos con otro valiente: Denis. Un joven de mi edad que dejó de ser un asalariado para trabajar la tierra, producir su comida con sus manos y vivir una vida simple y libre.
Yo no se si me veo viviendo mi vida así  pero es lindo saber que las opciones existen y están ahí para quienes se quieren animar a transitarlas.


Hoja en Blanco


El viaje hacia oriente nos llevo a recorrer prácticamente toda la costa croata. El mar Adriático, completamente transparente y frío, es una pileta que choca una playa de rocas y montanias por miles de kilometros. Un escenario bellisimo.
Una de esas tardes vemos a lo lejos una isla conectada a la costa por un angosto camino. ‘ Tenemos que dormir ahí ’. Al llegar nos encontramos con un pequeño faro en la punta rodeado de rocas para saltar al mar y un atardecer para escribir una canción.
Allí pasamos el fin de semana. Durmiendo a la intemperie, leyendo, tomando mate y obviamente nadando. En realidad fue aquí donde volví a nadar. Siempre había pensado que yo era naturalmente malo para nadar estilos, nunca me sentía muy cómodo y un poco había decidido que no era lo mío. Basto que Fede me de un par de tips para que el crol que siempre fue un dolor de cabeza se vuelva algo placentero. Sentir por segundos que realmente me deslizaba en el agua, como el músico que se vuelve uno con el instrumento, fue mágico.
Lo del nado fue solo un disparador. A cuantas cosas le habré cerrado las puertas sin darme cuenta y me estoy perdiendo de experiencias increíbles . Este viaje si hay algo que tiene es que es lúdico, como volver al jardín de infantes y elegir libremente con que jugar, es volver a descubrirse.
Algo en mi había cambiado cuando la tormenta nos saco corriendo del faro.


Sabores de la ruta


Mientras juntábamos frutitos al costado de la ruta en Montenegro, nos cruzamos con dos chicos ingleses, Dan y Lio, que también iban en bici para Turquía y rápidamente decidimos compartir unos kilómetros... terminaríamos compartiendo experiencias lindísimas.


Hotel Albanés


‘De corazón los quiero ayudar, vengan a dormir a mi casa’

No son palabras que sorprendan a quien visito Albania. Este país que parece la Europa de hace un siglo atrás tiene de la gente mas amable y hospitalaria que he conocido. Con esas palabras, Luli, un joven albanés nos invitaba a pasar la noche a casa de sus padres.
En las montañas, una casita del siglo pasado. Con vacas, un burro y pollos en la planta baja, un piso que cruje al caminar y un altillo con maíz secándose. La madre nos recibe feliz, una señora enérgica de unos 60 años, de particular belleza gitana. El padre, un viejito que toma Raki (bebida local de alcohol destilado) y sonríe.
La madre prepara un gran banquete para los invitados. Mata una gallina ante los ojos inocentes de los occidentales que nunca vieron un cuerpo sin cabeza seguir aleteando (Es algo que hay que ver, hay que vivir la muerte del animal que vas a comer, ser consciente que quitaste una vida y después ponerle ketchup). Hay queso y pan casero. Mucho brindis. Mucho Raki. Banquete Albanés!
A la noche dormimos en el cálido living. Yo me sentía en una estancia patagónica. Con frazadas pesadas viajé a algunas de las noches que pase por algún campo con mi papá.
Por la mañana leche bien fresca de vaca, con el calor del animal aún. Armamos las cosas para partir. (El padre seguía tomando Raki).
Luli quiere vivir mejor, hacer un poco mas de plata, como todos. Tiene en su cabeza empezar un emprendimiento turístico  una experiencia local. Sin avisarnos nosotros eramos sus primeros clientes.
‘El precio que yo cobraría a los turistas seria de 25 euros’ nos dice indirectamente. La experiencia se me derrumbo. Nosotros no dudábamos en ofrecer un poco de plata para pagar por el increíble banquete, pero cuando me di cuenta que todo había ocurrido por un fin meramente económico, de hacer un poco de plata, me sentí un poco engañado.
Dudé en compartir o no la experiencia. Opté por hacerlo por que tuvo un mensaje para mi. Siento que muchas veces donde el mercado mete la cola se pierde lo humano, lo social y este es un buen ejemplo.
Al irme por la ruta me acordaba de Venecia y la experiencia con un kioskero: ‘Te puedo hacer una pregunta?’ ‘Si es muy larga tenés que pagar’.


Arcoiris del Amor


Almorzábamos sanguches de tomate en una plaza en Macedonia cuando se nos acercan unos chicos muy hippies: ‘ Chicos van para el Rainbow?’ Rainbow? Fede ya lo conocía de nombre, Dan, Lio y yo no teníamos ni idea. El gran festival hippie acababa de comenzar en Grecia. Estábamos a tres días de pedaleo en un camino que se salía completamente de la ruta. ‘Tenemos que irrr ‘ dice Fede entusiasmado por lo que sabia...’ Mmmm esta bien ‘ dijimos.
A 1700 mts de altura en medio de las montañas, cientos de hippies se congregan, bailan, cantan y te reciben con un fuerte abrazo. ‘Welcome Home’ te dicen todos. Un mundo diferente, calor humano, fuego.
Cada uno es libre de hacer lo que siente. Ayudar en la cocina para cocinar para cientos de personas, asistir o dar un workshop de lo que se te ocurra, tocar los tambores al lado del fuego o simplemente contemplar el universo. Se cree en la energía de las personas.
Al principio choca un poco, tardamos en bajar las barreras. Después de cinco días los cuatro bajamos de las montañas sabiendo que habíamos estado en un lugar muy especial. Inolvidable.


Faltaba solo Ale Magno!


En cuero y medio borrachos bailamos danzas típicas de la macedonia griega hasta que salio el sol.

Me levanté temprano, estaba sólo de nuevo después de mucho tiempo. Había acampado en una plantación de girasol en las afueras de Gianitza, Grecia. El día anterior perdí a los chicos de manera inexplicable por demorarme eligiendo música del mp3. Un desencuentro que, sin telefonía  significo perderlos todo el día.
Fuí hasta el centro de la ciudad a buscar internet para ver si tenía noticias de ellos. Unos jóvenes griegos muy simpáticos me invitan el desayuno. Cómicamente los chicos están en la misma ciudad que yo, de acuerdo al mail que me mandaron, a unos 40 kms de donde los perdí!. Arrancaba bien el día.
Nos reencontramos en la plaza y entre risas tratamos de entender como nos pudimos perder así.  A las bicis de nuevo, pedaleamos rumbo a Bulgaria. Hacen mas de cuarenta grados en la ruta. Paramos a almorzar en un restaurant familiar y muy dominguero.
A unos 100 kms de la frontera una tormenta en el horizonte nos frena el paso. Una casa con un cartel de BAR y un techo parece un buen lugar para esperar la lluvia.
El BAR no era mas que una casa que se olvidaron de sacar el cartel, igualmente apenas nos acercamos Rula y Yani se levantaron de sus sillas, nos ofrecieron asiento y café  El café viene con torta. Con una sonrisa en la cara este matrimonio de la edad de mis padres nos recibe como sus hijos.
Los vecinos están de viaje por lo que nos dicen que podemos tirar las carpas al lado de la casa. La gente del pueblo se acerca de a poco y saluda. Yani nos trae una enorme bolsa de tomates, pepinos y huevos  que saca de su quintita y gallinero.
Vamos a dar un paseo al centro del pueblito. Todos los chicos nos rodean y los que se animan nos hacen preguntas en ingles. Facebook y fotos por todos lados.
‘Mañana a la noche hay un festival de música local  con mas de treinta músicos de la región y comidas típicas’ nos comenta una señora... ‘Nos tenemos que quedar’ le digo a los chicos.
El día siguiente fue un ir y venir de vecinos que nos regalaban tomates, zandia, pan, etc. Yani y Rula nos invitaron a almorzar pasta. Cuando el sol empezó a caer nos pusimos la pilcha mas limpia que teníamos y nos fuimos para el festival.
Hay mas de cien mesas y una pista de baile frente al escenario, todo al aire libre. Los bailes son formando un gran círculo, uno agarrado del otro y moviendo las piernas al compás  girando en sentido anti horario. Las abuelas de setenta junto a los jóvenes de veinte, todas las generaciones abrazadas bailando la misma música y siguiendo el mismo ritmo.
Nosotros empezamos un poco tímidos  La forma que tiene el baile hace que entre cien personas que coordinan sus movimientos de manera perfecta al compás de la música sea fácil y hasta gracioso divisar que hay cuatro personas que distorsionan la armonía del movimiento. De todas formas nos metimos en el medio y robábamos la risa de unos cuantos.

La resina y cerveza empezó a correr. Los más joven es empezaron la ‘costumbre griega’ de romper sus remeras y camisas. Cuando me quise acordar tenia tres griegos arrancando mi remera y tirándome whisky en la cara. (Ese fue el fin de mi remera limpia para eventos...).

En cuero y medio borrachos...


Ahora en Istanbul, a casi un año de mi partida, siento que son muchas las cosas que aprendí y muchísimas mas las que tengo por aprender. Extraño mucho mi tierra y mi gente, pero también soy consciente de lo único de este momento y no lo puedo dejar pasar.
Un abrazo enorme!
Con el cariño de siempre
Pablo

martes, 18 de junio de 2013

La Poderosa

Perdón le pido Don Ernesto,
copyright no le voy a pagar,
si de revoluciones internas se trata
el mismo caballo hemos de montar.

Rejunte de frio aluminio
pero de combustible particular,
son los sueños y las ansias
los que empujan tu pedal.

El viento y el sol incansables
sus marcas me han de dejar,
tatuandome aquellos tiempos
en que 'La Poderosa' era Libertad.


(El componente que Shimano no vende)

jueves, 23 de mayo de 2013

Omnia Mea Mecum Porto


              Pasé muchos días pensando sobre porque debía compartir todas las experiencias y reflexiones de este viaje abiertamente a quien quisiera leerlas. ¿Qué busco? Me daba miedo la idea que fuera algo empujado por una motivación meramente egocéntrica, que fuera un ladrillo más en la construcción de ese personaje que todos mostramos a la sociedad.
 
                Fue el brillo en los ojos de la gente con la que hablo lo que me convenció que esta historia le podía servir a alguien. ‘Somos como un cometa que pasa’ me dijo Noemi en la ciclo-oficina de Monterotondo.  Me dí cuenta que tenía que asumir mi rol como un pequeño agente de cambio, tengo un mensaje para dar, no solo contar sobre paisajes. Ese debía ser el objetivo de este rinconcito que tengo en la web.

Pero, ¿cual es ese mensaje que tiene para dar una persona que se lanza a viajar en bici por el mundo, sin un rumbo fijo, sin tiempos?  No encontraba una respuesta que no me llevara menos de unos cuantos minutos de explicación, hasta que una agenda ecológica me regalo la frase perfecta: ‘OMNIA MEA MECUM PORTO’ . Fue la respuesta que dió el filósofo griego Stilpo al tirano Demetrius . Este último acababa de conquistar la ciudad sagrada de Megara y se soprendió al ver que, a diferencia del resto, Stilpo la abandonaba sin nada más que un libro bajo el brazo.

‘Todo lo que es mío lo llevo conmigo’ no solo es la motivación sino también la mayor enseñanza que he tenido en este viaje. Es fortaleza que florece en el espíritu al comprender el poder que un simple hombre posee. Nace de abrazarse a las cosas realmente importantes, tirando la pesada mochila de las banalidades, los ‘deberías’ y todos los miedos que lo acompañan.

‘Todo lo que es mío lo llevo conmigo’ es una invitación a correr velos, mirar el mundo con los ojos de hombres dignos y libres frente a millones de caminos y oportunidades.

No me paro desde un escalón a darle clases a nadie. Comparto lo que siento y eso es lo que siempre encontrarán en este espacio, llena de contradicciones y luchas internas, mi búsqueda por caminar la vida como lo hizo Stilpo.

miércoles, 1 de mayo de 2013

Al fin un poco de Inspiracion vol 4


   Hace 500 años atrás, contemplando este mismo mar, miles de esclavos amontonados y en condiciones inhumanas esperaban en cuevas la llegada de un barco que los llevaría al nuevo mundo.  Fue la costa de Ghana una de las primeras en ver salir estos hombres cuyo futuro lo decidían otros semejantes que se creían una raza superior. 

Paradójicamente hoy, pisando esa misma arena, mirando ese mismo sol, escribo las páginas de mi vida donde, en un canto a la libertad, cada mañana tomo las riendas y reinvento mi destino, me paro en la cornisa, para sentir la adrenalina de no saber que hay mas allá. 

                Es un gran desafío para mi este cuarto mail. No quiero aburrirlos con historias repetidas, no quiero empacharlos con sensaciones ya descriptas anteriormente, solo quiero que se suban un rato a mi bicicleta. Tomen fuerte el manubrio, esto es África:



Diamantes de Sangre

                Diez años pasaron desde que la feroz guerra civil terminó en Sierra Leona, conocida mundialmente por la película que protagonizara Di Caprio (Diamantes de Sangre). Rebeldes, mercenarios y ejércitos peleando por el control del país (y la producción del bello cristal obviamente). La vuelta a la democracia es un largo proceso por el que muchos de los países que visité están transitando. En su mayoría siguen siendo tremendamente frágiles y tiemblan en tiempos de elecciones, que, afortunadamente en el caso de Sierra Leona, fueron el año pasado y la paz fue la que dominó la escena.
                Es curioso que lo primero que uno se encuentra al entrar en este pequeño país es con un gran cartel de preservativos femeninos. Tal vez con la idea de marcar distancia con sus vecinos del norte, donde todas las campañas contra el SIDA hacían foco en fidelidad y abstinencia.
                La primera noche fue en un pequeño poblado a kms de la frontera. Luego de tener la aceptación del 'Chief' de la aldea, su  hijo, un profesor de escuela, nos invitó a quedarnos en su casa. Nos comentó que estaba construyendo unas habitaciones detrás de su actual casa, para lo cual tenía treinta alumnos de entre ocho y doce años trabajando, trayéndole agua del río para la fabricación de ladrillos de barro. Fue la primera vez que entendí como en esta cultura se podía dar un fenómeno como los ejércitos de niños. Con una obediencia debida a los gritos, los chicos iban y venían hasta el río que estaba a unos cuantos metros, cargando pesados baldes en la cabeza. Por suerte el día terminó con todos dándonos un buen chapuzón en el agua!.

              
  El siguiente día llegamos a Freetown, la capital. Bañada por el océano Atlántico, emerge sobre una montañosa y verde península. Las casas trepan hasta grandes altitudes, formando un gran anfiteatro con hermosas vistas al mar. Lo primero que me llamó mucho la atención fueron los muros con sus alambres de púa. Decoran prácticamente todos edificios y transmiten una sensación de alerta, de gran inseguridad. Tal vez son solo esqueletos de un pasado violento, pero siguen allí, fríos, marcando los límites, como si se estuviera en un gran campo de concentración. Otra particularidad es que con sus millones de habitantes y todo, por la noche Freetown es tan oscura como cualquier aldea, producto también de la guerra y el colapso del sistema eléctrico.

 
                Las ONG´s y la ONU son grandes actores en la ciudad. Los primeros son los que forman la comunidad de los 'expats' (expatriados). Blancos que se mueven en 4x4, tienen supermercados con aire acondicionado lleno de productos importados, restaurantes y bares exclusivos. Por otro lado los cascos azules se pasean con ametralladoras y jeeps de guerra, dándole el toque bélico a la postal (Sierra Leona albergó durante la guerra la más grande misión de la ONU en su historia).
                Después de unos días haciendo visas para los próximos países nos escapamos a las playas de la península, de las mejores de África y para mi particularmente, de las mejores que he visitado. La primera parada fue en River N°2, un pequeño pueblito pesquero en la desembocadura del río en el mar. Armamos las carpas bajo unos huts de hojas de palmera, a menos de diez metros del agua, sobre la arena blanca. De fondo las montañas cubiertas de jungla, adelante el océano verde, infinito. No se le puede pedir mucho más a la vida.
                En esta playa conocimos al tercer mosquetero. Jon es del país vasco (no se te ocurra decir español), navegó en un velero hasta Dakar y después siguió en bicicleta. Estos días estaba con un poco de fiebre, dos semanas después, en Liberia, le diagnosticarían Malaria... aún así pedaleó como un campeón.
                El último día en River N°2 esperamos la llegada de los pescadores por la mañana, compramos dos ejemplares bien frescos y se los dimos a una de las señoras del pueblo para que lo cocine. Con una salsa típica de maní y mucho arroz, mi paladar se deleitó con el mejor plato que he comido en estos meses.
                La siguiente parada fue en Bureh Beach, a unos pocos kms de la playa anterior y aún más paradisiaca. Es difícil encontrar en el mundo un lugar como este sin explotar turísticamente, tuvimos la suerte de disfrutarlo antes de que el inevitable boom hotelero llegue.
                Inglaterra, al igual que Francia, mantiene sus ex-colonias vigiladas bien de cerca, hay mucho negocio por hacer, intereses por conservar. El fin de semana soldados y empleados de compañías inglesas (principalmente mineras) radicados en Freetown se juntan en la playa. Mostrando toda su opulencia y poder de consumo occidental, toman alcohol hasta no poder moverse, gritan y ríen, rodeados de mujeres negras que por unos leones (moneda local) ofrecen su compañía. Me da un poco de vergüenza, pero también satisfacción de no sentirme parte.

                
    
    Los próximos días de pedaleo nos alejamos del mar, dirección sudeste, camino a Liberia. Fue uno de esos días que, luego de tres meses ininterrumpidos de sol, finalmente llovió. Era ya la tarde, las nubes comenzaron a cubrir el cielo. Para mi era un espectáculo, como si de repente se cambiara el color de tu departamento, mi cielo raso estos meses no fue otro que el cielo y hoy, por primera vez en mucho tiempo, no estaba azul. Mientras las nubes oscuras se acercaban el frio viento que anuncia tormenta empezaba a soplar. Empezamos a buscar un lugar donde parar. Ya habíamos hecho más de cien kms, se venía el agua y era el cumpleaños de Jon, había que festejar! No alcanzamos a abrir las Star (cerveza local) que empezó a gotear. Bajo la lluvia brindamos, por Jon, por la vida y por la refrescante lluvia que nos regalaba.
                A medida que nos acercamos  a la  frontera el camino se hacía más y más difícil. Barro rojo, charcos que parecen lagunas, pozos, subidas y bajadas, todo en medio de una densa y hermosa jungla. Pasamos por una reserva llamada Tiwai Island, una isla que tiene una de las mayores concentraciones de monos por km cuadrado del mundo.
                Finalmente y con mucho esfuerzo llegamos a Liberia. En Monrovia (la capital) tuvimos la oportunidad de ver Diamantes de Sangre. Fue increíble poder sentir y entender tanto más de la película de lo que comprendí hace siete años, la primera vez que la vi. Ya no era una película más de Hollywood sobre un loco país africano. Los paisajes y la gente me resultaban cercanos ahora, el conflicto que trata la película también. Aún así, entendiendo el contexto, me resulta incomprensible como el hombre puede llegar a semejante niveles de violencia y crueldad como los que vivió Sierra Leona en aquellos años.


La Tierra de la Libertad

                Liberia es uno de los pocos, sino el único país africano jamás colonizado. Su origen se remonta a los años en que la esclavitud se abolía en el norte de los Estados Unidos. Había que hacer algo con los  nuevos esclavos libres. 'Mandémoslos de vuelta' habrá dicho algún consejero de Lincoln. Así llegaron miles de personas a la costa de lo que hoy es Liberia. Lo particular de la historia es que estos nuevos hombres libres que volvían al continente de sus ancestros no tuvieron mejor idea que oprimir y esclavizar a los pueblos originarios que ya habitaban estas tierras. Se daba así origen a un conflicto que terminó, al menos en su forma bélica, hace unos pocos años, luego de una terrible y prolongada guerra civil.
                El recorrer un país que lucha por darle un sentido a la existencia de un estado es realmente interesante. El ejemplo más claro y directo esta en la calle, con una cartelería que busca educar cívicamente a los liberianos. 'Votos en lugar de armas' dice el repetido cartel que muestra urnas y escopetas. 'El policía es tu amigo', 'La Guerra terminó', 'Paga tus impuestos' o 'Tus impuestos trabajando'. Todos dan una idea de un trabajo de reconstrucción del Estado. Esta difícil tarea la tiene un gobierno que ganó unas elecciones bañadas de sangre y que voto solo el 30% del padrón.
                Al igual, o aún peor, que en Sierra Leona, los muros, alambres de púa, NGOs  y los cuarteles de la ONU son los que dominan la escena, especialmente en Monrovia.

               

  Las marcas de la guerra se ven en todos lados, un sistema eléctrico inexistente, rutas y edificios destruidos. Este es el caso del gran Hotel África, hoy solo un elefante de cemento completamente en ruinas, ayer, el lugar que albergaba pudientes visitantes de un país que era rico pero para algunos pocos. Uno puede entrar, pasearse por lo que era el lobby, la pileta, como si se estuviera dentro del Titanic. La guerra se encargó de saquearlo y dejar en penumbras lo que antes brillaba. Justo en frente, y para hacerte sentir un poquito más en carne propia lo que se respira en la guerra, un cuartel de la ONU con torres, bolsas de arena y pakistaníes cargando armas de largo alcance terminan de decorar el paisaje.
                En el plano económico la historia es repetida. Como escribí en mi último mail, en tierras que deben ser las más fértiles del planeta se produce solo para comer (salvo unas grandes plantaciones de caucho de Firestone). En este sentido me encontré con un programa del gobierno con unos afiches por demás ilustrativos. 'Farming for Business' dice el lema. En el cartel se ven dos imágenes, un señor que sembró la tierra en abundancia y pensando en hacer negocios, por lo que está con una sonrisa, bien vestido y con empleados que cargan el camión de mercadería. El segundo solo produjo para subsistir y la imagen lo muestra sirviéndole comida de una cacerola a sus hijos, con las ropas gastadas, más parecido a lo que se ve en la calle. El primero es un capitalista, el segundo sigue haciendo lo que se hizo siempre en África.
                Algunas de las aventuras recorriendo este país.. mas abajo.


Habemus Papa

                Robertsport era la primera parada en Liberia. Para llegar tuvimos que tomarnos unas pequeñas canoas artesanales, cargando todo en ellas para pasar un lago que justo aquí se conecta con el mar. En el pueblo desembarcamos frente a unas oficinas del Ministerio de Agricultura. Nos miraban con asombro, tres blancos bajándose de dos canoas cargadas de bicicletas y bolsos. Nos presentamos con las personas que allí estaban y de paso les pedimos si podíamos tirar las carpas. 'Yo soy Jon de España' dice el vasco en ingles mordiéndose la lengua, 'Markus de Alemania' y 'Pablo de Argentina' digo, esperando el clásico 'Ahhhhhh Lionellll Messsssii' , pero no. 'El país del nuevo Papa' me dicen. ' Nuevo Papa?' pregunto, ' Sí, sí, el nuevo Papa es de tu país'. Y  Messi descansó en paz, al menos por un día.


Elige tu propia aventura

                Todavía no abrís los ojos, pero ya sabes que es de día. Escuchas un gallo que hace ya un rato interrumpe tu sueño, seguido de los cierres de una carpa. Es tu amigo alemán Markus, que, como siempre, se levanta antes que vos. El dormir sin cubre-lluvias te permitió disfrutar de las pocas brisas que ofrece la noche africana y del más espectacular cielo, pero por las mañanas no hay nada que detenga los primeros rayos del sol.
                Entre tanta luz y ruido te terminas de despertar. Miras el velocímetro, son las 6:30, arriba. Enrollas el aislante azul, el que cargas desde los campamentos del secundario, no entendés como sobrevivió ni como podes dormir diez horas en algo que nada se diferencia del suelo, será que los colchones son un invento de hace unos pocos años, pensás, mientras terminas de guardarlo.
                Te empezás a vestir para otro día de pedaleo en el oeste africano. Estás a dos días de la frontera entre Liberia y Costa de Marfil. Agarras tu remera de lana, esa que te protege del sol, ya tiene sus marcas, son casi siete meses de uso diario. Te acordás del poema que la acompañaba cuando te la regalo tu viejo, hablaba de una armadura, vaya si lo es, también te regalaba su complicidad.
                Un chino en boxers interrumpe tu flashback. 'Good Mourning' te dice en un ingles muy rustico. Respondes con una sonrisa. Es uno de los cuatro chinos de la FAO que te dejaron armar la carpa al lado de su casa. Están aquí para enseñar a los locales a producir alimentos.
                Desarmas todo casi de memoria. Sabes que el cepillo de dientes va último y que la bolsa de dormir va en la misma alforja que las zapatillas. Cualquier cambio significa que ya nada entra. Cargar todo lo que necesitas para vivir en tres bolsos tiene cierta ciencia en el armado.
                Mientras preparas la bici hablas con Markus. Hoy es un día relativamente tranquilo, solo 90 kms de asfalto, que en África significa 30% asfalto, 40% asfalto con cráteres y 30% directamente tierra.
                Foto con los amigos asiáticos, cargas tres litros de agua hervida que te regalan y a la ruta. Vas hasta el pueblo a tres kilómetros a desayunar algo. Encontrar té o café no es siempre fácil. En este caso solo hay 'Atay' (té verde muy fuerte) con mucha azúcar. Le agregas unas bananas y tenés un perfecto desayuno. A pedalear.
                Hace calor, la ruta es un sube y baja constante y la humedad de la jungla se siente. Los músculos todavía duelen del día anterior y tardas un rato en entrar en ritmo de nuevo. Pasan dos horas y estas necesitando un parate. Hay un techito de paja y debajo venden frutas tropicales. Sentados bajo la sombra, vos y tu amigo se comen una enorme ananá por menos de un euro.
                De nuevo en la ruta sos una celebridad. Como la reina de la primavera vas regalando sonrisas y saludos a tu paso. Los gritos vienen de todos lados, ya estas un poco cansado de ser el centro de atención pero lo aceptas como parte del combo que compraste.
                Enchufas el mp3 que te regalaron tus amigos del trabajo antes que emprendieras esta aventura. Suena Pink Floyd con 'The great Gig in the Sky'. Con el cielo azul de fondo, vas pasando por aldeas rodeadas de plantas de banana y mangos que cuelgan como adornos de navidad. El contexto y la canción hacen que te pierdas en tu cabeza. Pensás en el milagro que estés ahí en ese momento. Todas las cosas que ocurrieron y las que no. Estarías allí si esa mañana, que volviste a recordar lo hermoso que era pedalear, tu amigo Carlitos no te decía 'Anda a darte una vuelta en mi bici que tengo que leer para la facu'? . Te vas mas lejos, estarías allí si esa tarde bonaerense aquel joven estudiante de agronomía no hubiera tenido el coraje de ir a hablar con su compañera que tanto le gustaba (que después sería tu madre)?. Y más aún, menos mal que el tatarabuelo zafó de la peste esos años difíciles en Italia pensás... uffff.. ' Somos los boletos ganadores de la lotería' dice Jostein Gaarder... que loco.. ser consciente un ratito de ello te roba una gran sonrisa, como si nada pudiera ser mejor.
                La subida se hace larga y te corta la inspiración. No podes parar de transpirar, el termómetro marca 39°. Tomás un poco más de agua y a seguir empujando.
             
   Llegas a un pueblo después de unos 60 kms.  Son las dos de la tarde y hay hambre. Después de unos quince minutos preguntando donde se puede comer encuentran una 'mama áfrica' que tiene arroz con salsa de hojas de mandioca. Es lo que venís comiendo hace dos meses pero siempre lo encontrás exquisito. Sos un paladar fácil después de pedalear tantas horas. Te sentás en un banquito en la calle y te deleitas con tu almuerzo. No pasan cinco minutos que tenés diez personas alrededor, algunos solo te miran, otros te preguntan cual es tu misión en Liberia. Acá no hay turistas. El primer  murmullo general es cuando les decís que venís pedaleando desde la capital, cuando contás la historia completa es aún peor. Hablan entre ellos mientras terminas tu arroz, sabes que hablan de vos sin entender que dicen, pero ya estas acostumbrado.
                Arriba de las bicis nuevamente. Te despedís de los curiosos y cargas agua en el pozo del pueblo, ya te tomaste toda el agua que tenías. Faltan los últimos 30kms, último tirón.
                La tarde se hace larga y si bien el sol empieza a aflojar la cabeza ya quiere llegar. El mp3 se descargó por lo que, aburrido, empezás a cantar. Es tu mejor reproductor musical, de repertorio infinito y batería inagotable. Esto despierta sonrisas en los locales que probablemente ahora piensan que todos los blancos cantan así.
                En la ultima ciudad te comes un pescado cocinado a las brasas en un chulengo y salís a buscar un lugar donde armar campamento antes que oscurezca. La ciudad no es muy amigable y deciden probar en las afueras. En las primeras casas no tenes suerte, ni siquiera entienden lo que querés. Siguen unos kms y de nuevo. Esta vez hay que hablar con el 'Chief' (sería como el cacique o jefe). La ceremonia es siempre la misma y ya la conocen de memoria: Primero se visita la casa del 'Chief', que obviamente no está. Sillas o banquitos para los aventureros y te ofrecen agua para tomar. De a poco la aldea te rodea, todos te miran, sonríen, algunos bebes lloran. Después de unos minutos llega el ´Chief`'. Es viejo y no habla ingles. Uno de los más jóvenes hace de traductor. Vos y tu amigo se presentan, cuentan que hacen allí con unas veinte personas de espectadores. El Chief escucha atento la traducción y luego de unos minutos de deliberación acepta.' Pueden instalarse donde quieran'. Ahora empieza la segunda parte del show. Buscas un lugar para acampar, siempre rodeado de una docena de curiosos. Sacas la carpa y aparece aún más gente. Una vez todo armado te ofrecen un balde de agua.. es la gloria misma después de un día de tanta transpiración. Markus va primero. Unos diez minutos después te toca a vos. Desnudo en cuclillas te tiras agua fría en el cuerpo. Increíblemente solo medio balde te es suficiente para bañarte. Cuanto derroche requiere nuestro confort... pensás mientras terminas de secarte. Fresco te pones tu remera y pantalón más limpios (limpieza relativa, más limpio que la ropa que usas para pedalear pero lejos de los estándares de lo que se entendía por limpio en tu vida normal).
                Entre una cosa y la otra se hicieron las ocho de la noche. Todavía queda gente mirando las carpas, pero la mayoría ya se fue. Estás cansado. Tomás la pastilla para la malaria, te lavas los dientes y te tiras en la carpa. Hace mucho calor. Apoyas la cabeza en tu 'almohada' (funda de bolsa de dormir rellena de ropa) pero no logras dormirte. Pensás en que lindo sería que tu familia y amigos vivieran en carne propia lo que es el día a día de esta aventura africana. . Bajo la luz de la linterna, sacas cuaderno y lapicera  y te pones a escribir lo que pasó hoy.


Clandestino

                Voy a contar lo que fueron los días más difíciles en el África sub-sahariana. No me enorgullece, pero lo volvería a hacer, pues no me tenía mucha opción.
                La historia comienza en Sierra Leona. Nos llega el rumor de que la frontera entre Liberia y Costa de Marfil estaba cerrada, lo cual implicaba un cambio de planes en el itinerario. Googleamos y efectivamente un problema con rebeldes había llevado a Liberia a cerrar las fronteras en Octubre 2012. Preguntamos en la embajada de Liberia antes de hacer las visas y listo, pensamos.
                Una vez en la embajada nos dicen que las fronteras estaban abiertas, que no pasaba nada y se podía cruzar a Costa de Marfil sin problemas. Hicimos las visas, el plan original Sierra Leona-Liberia-Costa de Marfil seguía en pie.
                Con los días nos olvidamos del problema. En Monrovia (Liberia) hicimos las visas para Costa de Marfil sin sobresaltos y nadie mencionó nada sobre las fronteras.

              

  Después de pedalear una semana, los últimos dos días por caminos de tierra y piedra en terrible estado, subidas y bajadas tan empinadas que por momentos obligaban a empujar la bici a pie, llegamos al cruce de frontera. 'Esta frontera está cerrada y no hay forma de que pasen' nos dice de muy mala manera un oficial de inmigraciones desde su camioneta. 'No pierdan el tiempo por que no van a pasar' siguió. La bandera de Costa de Marfil flameaba a 50 metros de donde estábamos parados.
                Sentados al lado del edificio de inmigraciones, cansados, empapados por la transpiración, no sabíamos que hacer. Jon y Markus tenían visas validas para entrar a Guinea, por lo que solo habían hecho unos días de pedaleo gratis pero podían subir hasta el país vecino para luego entrar desde allí a Costa de Marfil. Quien les escribe no solo ya había usado su visa de entrada única a Guinea, sino que no tenía más hojas en el pasaporte en caso que pudiera hacer otra.
                Que hacemos? Treinta minutos sentados sin hablar. Yo mordía bronca y nervios, esperaba darle lastima a algún oficial para que nos deje pasar... Nada pasó... Ya no tenía más ganas de pedalear, menos por las rutas que veníamos transitando. Volver hasta la capital para probar suerte en la embajada de Guinea y que me pusieran una visa en una de las tapas era al menos una semana y de resultado incierto. Otra opción era entrar ilegalmente a Guinea. Yo era el único con problemas y la frontera estaba a un día de pedaleo. Decidimos probar esto último.
                Los caminos de tierra estaban en tan mal estado que en toda una mañana transpirando alcanzábamos los 30 kms, A eso de las tres de la tarde llegamos a la frontera, yo era una bola de nervios.
                Que hacemos con los oficiales de Liberia? Les explicamos el problema o nos hacemos los tontos? Si me sellaban la salida de Liberia pero después no podía entrar en Guinea me quedaba a vivir en tierra de nadie. Expliquémosle dijimos, seguro nos entienden. Inocentes.
                Apenas les comentamos un poco cual era el problema que teníamos, el oficial a cargo nos llevo a un cuartito. No sonríe, la cara es la del típico malo de telenovela. Se sienta, otro oficial de uniforme lo sigue, cierra la puerta y se le sienta al lado. 'Dame USD 150 y te escolto hasta la frontera de Guinea'. La cagamos pensé, la cagamos mal, vieron el negocio al instante, que inocentes!... Ahora no solo había que sobornar al oficial de Guinea para pasar sino que también los de Liberia querían plata.
                Después de discutir  un rato la estrategia (y por suerte los chicos tenían teléfonos!) decidimos que Jon iba a ir hasta Guinea, el podía entrar sin problemas. Desde allí nos iba a averiguar si podíamos pasar con mi pasaporte sin visa y de acuerdo a lo que le digan seguimos.
                Fueron quince, veinte minutos donde yo no tenía más uñas para morder... el teléfono suena.. no escucho bien pero entiendo que Jon me dice 'No les pagues, acá lo arreglamos', 'No se bien el precio pero acá lo arreglamos'. Al rato me llama de nuevo 'Por unos USD 80 pasas acá sin problemas'. Osea que nuestro amigo de Liberia nos remarcaba un 100% solo para dejarnos salir.
                Ahora venía lo más difícil, me tenía que sentar con el oficial cara de malo, explicarle de alguna forma que no le iba a pagar su coima pero que iba a pasar igual. Se me ocurrió decirle que había una extensión de mi visa posible en la frontera. Nuevamente en el cuartito la guerra empezó. 'Me acaba de llamar mi amigo, me dijo que puedo hacer una extensión en la frontera, asique solo necesito que me sellen la salida'. Ellos saben que esa extensión no existe, pero no pueden hacer nada. Con tremenda cara de enojo y un negocio que se le empieza a escapar me dice: ' Yo no te puedo dejar salir sin visa, si querés salir tenés que pagar'. Luego de diez minutos discutiendo, pidiéndole por favor que haga su trabajo y selle, el hombre aceptó la derrota. Mis nervios estaban por las nubes. Agarramos las bicis, bajaron las cadenas y salimos de Liberia... que alivio fue cruzar... me sentía rehén del oficial de turno.
                Después de unos kilómetros donde yo era pura adrenalina llegamos a Guinea. Jon nos esperaba sentadito. De nuevo oficina, esta vez con el jefe de Policía. 'Son 500.000 Guinea Francs'. Le pagamos. Este por lo menos era simpático. 'Tienen que ir directo a la frontera de Costa de Marfil, no anden dando vueltas por ahí'. Ya estaba oscuro, así que decidimos pasar la noche en la escuela del pueblito fronterizo y la mañana siguiente salir.
               
En esta región Liberia, Costa de Marfil y Guinea tienen una triple frontera, marcada por el Mt. Nimba. Nosotros le estábamos dando toda la vuelta. La siguiente mañana de pedaleo fue en un escenario increíble. Con el Nimba a la derecha vigilando, una carretera angosta de ripio rojo que se paseaba por aldeas bien tradicionales. Una mañana perfecta para estar arriba de la bici.
                El estar 'flojo de papeles' no me dejaba la cabeza tranquila. Cualquier check point militar o policial podía volverse un gran problema, yo estaba sin sello de entrada al país ni visa.

              

  Finalmente, y con fortuna, llegamos hasta la frontera de Costa de Marfil sin sobresaltos. Había que pasar solo el último obstáculo, el sello de salida. Pusimos mi pasaporte último para que el chequeo llegue menos riguroso. El oficial de Guinea es bastante charlatán, Jon habla francés y lo mantiene distraído. Sella rápidamente los tres pasaportes con la salida. 'Ya está' pensé... pero no. Los toma de nuevo, el mío primero, y empieza a revisar hoja por hoja... que busca? Me preguntaba mientras se me paraba el corazón. Le empecé a hacer señas a Jon para que le siga hablando, pero Jon ya no sabía que tema sacarle. 'Busca el numero de pasaporte?' Le pregunta Jon después de unos segundos que se hacían eternos, 'está acá' mostrándole la primer pagina. Parece que efectivamente era lo que buscaba, anotó en su libro de  salidas y lo dejó a un costado. Lo mismo con los otros dos y 'Bon Voyage'...el alivio fue inexplicable. Rápidamente cruzamos la frontera. Una vez en Costa de Marfil, todo en regla nuevamente.
                Esa tarde, cuando me relajé, levanté fiebre. Pensamos que podía ser malaria. Ahora con el tiempo entiendo que no, era mi cuerpo haciéndome saber que África me había llevado al límite físico y psicológico.


Infinita Estupidez

'Hay dos cosas que son infinitas, el universo y la estupidez, pero no estoy tan seguro de la primera' A. Einstein

Basilica de Yamoussoukro


               Muchos nos enteramos que existía un país que se llamaba Costa de Marfil cuando apareció en el grupo de Argentina en el mundial de Alemania 2006. Su historia no es muy diferente al resto y está marcada por la guerra. El norte, pobre, formado por inmigrantes de países islámicos se pelea con el sur, rico y católico. En este contexto, un presidente quiso marcar terreno. Decidió que su ciudad natal tenía que ser la capital, la llenó de avenidas de seis carriles y construyó una basílica apenas más chica que la del Vaticano ( a pedido del Papa). En un país donde las necesidades abundan, caminar por Yamoussoukro es una invitación a vivir la estupidez humana. (Eviten comparaciones con Santa Cruz)


Días de Locos

                El centro de los rebeldes (el bando del norte) durante la guerra civil fue la ciudad de Bouake. Fue también en esta ciudad donde nos tocó vivir una experiencias muy lindas, en unos días de locos!.
                Markus venía juntando donaciones en su blog para un hospital psiquiátrico, donde atienden enfermos de todo el país. Debido a las tradiciones y creencias en las aldeas, los esquizofrénicos reciben un trato terrible, que incluye encadenaciones, golpes y hasta expulsión de las aldeas. El hospital St. Camille los recibe y brinda tratamiento casi gratuito.
              

  Bouake es una ciudad que no tiene mucho atractivo más que edificios destruidos por bombas. Fuimos hasta allí solo para visitar el hospital. Sorprendidos, al llegar, tenemos una recibida fenomenal. Con tres sillones bajo una carpa, unos cincuenta o más pacientes nos esperan cantando. Micrófono en mano nos dan la bienvenida y Markus tiene el trabajo de contar un poco sobre nuestro viaje. Somos tratados como reyes, nos invitan a almorzar y tratan de ud. No nos lo merecemos!. Ajaja
                El próximo día recorremos las instalaciones. Locos desnudos vienen y nos saludan, otros miran a lo lejos, vaya a saber que pensaran... Todo es muy básico, pero seguro es mejor que estar encadenado a un palo. Es interesante que la mayoría del personal son enfermos recuperados.
                Por la tarde hay una conferencia de prensa donde cuentan sobre el trabajo que esta haciendo el hospital, hablan enfermos y Markus habló nuevamente del viaje, con la asistencia de la prensa local y todo.
                Nuestro minuto de fama no terminaría allí. Tirados, charlando con Jon, se nos acercó un marfileño que hablaba perfecto español. Es un profesor de la universidad local y nos quería invitar a participar de su conferencia sobre las oportunidades que brinda el estudiar español. Obviamente aceptamos y pospusimos un día nuestra salida de la ciudad.
                Las instalaciones de la universidad están a estrenar. En un aula con forma de anfiteatro, nos sentaron a los costados del profesor, en la mesa de disertantes, frente a unos cuarenta estudiantes. No teníamos mucho para decir, no somos especialistas en el tema, pero para ellos era muy interesante tener dos personas cuya lengua materna es el español. Respondimos algunas preguntas y contamos algunas cositas de nuestro viaje que siempre despierta mucho interés. Hubo canto y hasta una representación teatral, todo en español. Al finalizar, nos sacamos fotos con casi todos los estudiantes y salimos a almorzar con los profesores.
                Así terminaba nuestra estadía en esta ciudad. Nos despedimos de Jon, que tenía vuelo desde Abidjan y partimos rumbo a la frontera.

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                Ahora en Ghana disfruto de mis últimos días en África. Se vienen las lluvias, el cansancio y desgaste de pedalear en estas tierras y un pasaporte que ya no me deja moverme sin renovarlo me obligaron a cambiar el rumbo.
                Fueron cinco meses en este continente y muchas las enseñanzas. En un revés a mi ignorancia, a los que hace un tiempo eran un rejunte de países pobres y peligrosos los llene de anécdotas, paisajes, color y olores.
                Fui paseando todas mis libertades frente a personas que están atrapadas en un circulo de donde muy pocos salen. No recibí hostilidad, no recibí bronca, solo una clase de humanidad, miles de sonrisas y una mano cada vez que la necesité. Esto también es África.

                Ahora vuelo a Roma, donde me junto con un loco amigo italiano. No hay itinerario claro, solo sabemos que vamos a pedalear mirando el sol naciente, hasta llegar a la India. Las aventuras están aseguradas.



Nota: Las fotos son de Jon y Markus.  Mi camara waterproof murió... al sumergirla...


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