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miércoles, 1 de mayo de 2013

Al fin un poco de Inspiracion vol 4


   Hace 500 años atrás, contemplando este mismo mar, miles de esclavos amontonados y en condiciones inhumanas esperaban en cuevas la llegada de un barco que los llevaría al nuevo mundo.  Fue la costa de Ghana una de las primeras en ver salir estos hombres cuyo futuro lo decidían otros semejantes que se creían una raza superior. 

Paradójicamente hoy, pisando esa misma arena, mirando ese mismo sol, escribo las páginas de mi vida donde, en un canto a la libertad, cada mañana tomo las riendas y reinvento mi destino, me paro en la cornisa, para sentir la adrenalina de no saber que hay mas allá. 

                Es un gran desafío para mi este cuarto mail. No quiero aburrirlos con historias repetidas, no quiero empacharlos con sensaciones ya descriptas anteriormente, solo quiero que se suban un rato a mi bicicleta. Tomen fuerte el manubrio, esto es África:



Diamantes de Sangre

                Diez años pasaron desde que la feroz guerra civil terminó en Sierra Leona, conocida mundialmente por la película que protagonizara Di Caprio (Diamantes de Sangre). Rebeldes, mercenarios y ejércitos peleando por el control del país (y la producción del bello cristal obviamente). La vuelta a la democracia es un largo proceso por el que muchos de los países que visité están transitando. En su mayoría siguen siendo tremendamente frágiles y tiemblan en tiempos de elecciones, que, afortunadamente en el caso de Sierra Leona, fueron el año pasado y la paz fue la que dominó la escena.
                Es curioso que lo primero que uno se encuentra al entrar en este pequeño país es con un gran cartel de preservativos femeninos. Tal vez con la idea de marcar distancia con sus vecinos del norte, donde todas las campañas contra el SIDA hacían foco en fidelidad y abstinencia.
                La primera noche fue en un pequeño poblado a kms de la frontera. Luego de tener la aceptación del 'Chief' de la aldea, su  hijo, un profesor de escuela, nos invitó a quedarnos en su casa. Nos comentó que estaba construyendo unas habitaciones detrás de su actual casa, para lo cual tenía treinta alumnos de entre ocho y doce años trabajando, trayéndole agua del río para la fabricación de ladrillos de barro. Fue la primera vez que entendí como en esta cultura se podía dar un fenómeno como los ejércitos de niños. Con una obediencia debida a los gritos, los chicos iban y venían hasta el río que estaba a unos cuantos metros, cargando pesados baldes en la cabeza. Por suerte el día terminó con todos dándonos un buen chapuzón en el agua!.

              
  El siguiente día llegamos a Freetown, la capital. Bañada por el océano Atlántico, emerge sobre una montañosa y verde península. Las casas trepan hasta grandes altitudes, formando un gran anfiteatro con hermosas vistas al mar. Lo primero que me llamó mucho la atención fueron los muros con sus alambres de púa. Decoran prácticamente todos edificios y transmiten una sensación de alerta, de gran inseguridad. Tal vez son solo esqueletos de un pasado violento, pero siguen allí, fríos, marcando los límites, como si se estuviera en un gran campo de concentración. Otra particularidad es que con sus millones de habitantes y todo, por la noche Freetown es tan oscura como cualquier aldea, producto también de la guerra y el colapso del sistema eléctrico.

 
                Las ONG´s y la ONU son grandes actores en la ciudad. Los primeros son los que forman la comunidad de los 'expats' (expatriados). Blancos que se mueven en 4x4, tienen supermercados con aire acondicionado lleno de productos importados, restaurantes y bares exclusivos. Por otro lado los cascos azules se pasean con ametralladoras y jeeps de guerra, dándole el toque bélico a la postal (Sierra Leona albergó durante la guerra la más grande misión de la ONU en su historia).
                Después de unos días haciendo visas para los próximos países nos escapamos a las playas de la península, de las mejores de África y para mi particularmente, de las mejores que he visitado. La primera parada fue en River N°2, un pequeño pueblito pesquero en la desembocadura del río en el mar. Armamos las carpas bajo unos huts de hojas de palmera, a menos de diez metros del agua, sobre la arena blanca. De fondo las montañas cubiertas de jungla, adelante el océano verde, infinito. No se le puede pedir mucho más a la vida.
                En esta playa conocimos al tercer mosquetero. Jon es del país vasco (no se te ocurra decir español), navegó en un velero hasta Dakar y después siguió en bicicleta. Estos días estaba con un poco de fiebre, dos semanas después, en Liberia, le diagnosticarían Malaria... aún así pedaleó como un campeón.
                El último día en River N°2 esperamos la llegada de los pescadores por la mañana, compramos dos ejemplares bien frescos y se los dimos a una de las señoras del pueblo para que lo cocine. Con una salsa típica de maní y mucho arroz, mi paladar se deleitó con el mejor plato que he comido en estos meses.
                La siguiente parada fue en Bureh Beach, a unos pocos kms de la playa anterior y aún más paradisiaca. Es difícil encontrar en el mundo un lugar como este sin explotar turísticamente, tuvimos la suerte de disfrutarlo antes de que el inevitable boom hotelero llegue.
                Inglaterra, al igual que Francia, mantiene sus ex-colonias vigiladas bien de cerca, hay mucho negocio por hacer, intereses por conservar. El fin de semana soldados y empleados de compañías inglesas (principalmente mineras) radicados en Freetown se juntan en la playa. Mostrando toda su opulencia y poder de consumo occidental, toman alcohol hasta no poder moverse, gritan y ríen, rodeados de mujeres negras que por unos leones (moneda local) ofrecen su compañía. Me da un poco de vergüenza, pero también satisfacción de no sentirme parte.

                
    
    Los próximos días de pedaleo nos alejamos del mar, dirección sudeste, camino a Liberia. Fue uno de esos días que, luego de tres meses ininterrumpidos de sol, finalmente llovió. Era ya la tarde, las nubes comenzaron a cubrir el cielo. Para mi era un espectáculo, como si de repente se cambiara el color de tu departamento, mi cielo raso estos meses no fue otro que el cielo y hoy, por primera vez en mucho tiempo, no estaba azul. Mientras las nubes oscuras se acercaban el frio viento que anuncia tormenta empezaba a soplar. Empezamos a buscar un lugar donde parar. Ya habíamos hecho más de cien kms, se venía el agua y era el cumpleaños de Jon, había que festejar! No alcanzamos a abrir las Star (cerveza local) que empezó a gotear. Bajo la lluvia brindamos, por Jon, por la vida y por la refrescante lluvia que nos regalaba.
                A medida que nos acercamos  a la  frontera el camino se hacía más y más difícil. Barro rojo, charcos que parecen lagunas, pozos, subidas y bajadas, todo en medio de una densa y hermosa jungla. Pasamos por una reserva llamada Tiwai Island, una isla que tiene una de las mayores concentraciones de monos por km cuadrado del mundo.
                Finalmente y con mucho esfuerzo llegamos a Liberia. En Monrovia (la capital) tuvimos la oportunidad de ver Diamantes de Sangre. Fue increíble poder sentir y entender tanto más de la película de lo que comprendí hace siete años, la primera vez que la vi. Ya no era una película más de Hollywood sobre un loco país africano. Los paisajes y la gente me resultaban cercanos ahora, el conflicto que trata la película también. Aún así, entendiendo el contexto, me resulta incomprensible como el hombre puede llegar a semejante niveles de violencia y crueldad como los que vivió Sierra Leona en aquellos años.


La Tierra de la Libertad

                Liberia es uno de los pocos, sino el único país africano jamás colonizado. Su origen se remonta a los años en que la esclavitud se abolía en el norte de los Estados Unidos. Había que hacer algo con los  nuevos esclavos libres. 'Mandémoslos de vuelta' habrá dicho algún consejero de Lincoln. Así llegaron miles de personas a la costa de lo que hoy es Liberia. Lo particular de la historia es que estos nuevos hombres libres que volvían al continente de sus ancestros no tuvieron mejor idea que oprimir y esclavizar a los pueblos originarios que ya habitaban estas tierras. Se daba así origen a un conflicto que terminó, al menos en su forma bélica, hace unos pocos años, luego de una terrible y prolongada guerra civil.
                El recorrer un país que lucha por darle un sentido a la existencia de un estado es realmente interesante. El ejemplo más claro y directo esta en la calle, con una cartelería que busca educar cívicamente a los liberianos. 'Votos en lugar de armas' dice el repetido cartel que muestra urnas y escopetas. 'El policía es tu amigo', 'La Guerra terminó', 'Paga tus impuestos' o 'Tus impuestos trabajando'. Todos dan una idea de un trabajo de reconstrucción del Estado. Esta difícil tarea la tiene un gobierno que ganó unas elecciones bañadas de sangre y que voto solo el 30% del padrón.
                Al igual, o aún peor, que en Sierra Leona, los muros, alambres de púa, NGOs  y los cuarteles de la ONU son los que dominan la escena, especialmente en Monrovia.

               

  Las marcas de la guerra se ven en todos lados, un sistema eléctrico inexistente, rutas y edificios destruidos. Este es el caso del gran Hotel África, hoy solo un elefante de cemento completamente en ruinas, ayer, el lugar que albergaba pudientes visitantes de un país que era rico pero para algunos pocos. Uno puede entrar, pasearse por lo que era el lobby, la pileta, como si se estuviera dentro del Titanic. La guerra se encargó de saquearlo y dejar en penumbras lo que antes brillaba. Justo en frente, y para hacerte sentir un poquito más en carne propia lo que se respira en la guerra, un cuartel de la ONU con torres, bolsas de arena y pakistaníes cargando armas de largo alcance terminan de decorar el paisaje.
                En el plano económico la historia es repetida. Como escribí en mi último mail, en tierras que deben ser las más fértiles del planeta se produce solo para comer (salvo unas grandes plantaciones de caucho de Firestone). En este sentido me encontré con un programa del gobierno con unos afiches por demás ilustrativos. 'Farming for Business' dice el lema. En el cartel se ven dos imágenes, un señor que sembró la tierra en abundancia y pensando en hacer negocios, por lo que está con una sonrisa, bien vestido y con empleados que cargan el camión de mercadería. El segundo solo produjo para subsistir y la imagen lo muestra sirviéndole comida de una cacerola a sus hijos, con las ropas gastadas, más parecido a lo que se ve en la calle. El primero es un capitalista, el segundo sigue haciendo lo que se hizo siempre en África.
                Algunas de las aventuras recorriendo este país.. mas abajo.


Habemus Papa

                Robertsport era la primera parada en Liberia. Para llegar tuvimos que tomarnos unas pequeñas canoas artesanales, cargando todo en ellas para pasar un lago que justo aquí se conecta con el mar. En el pueblo desembarcamos frente a unas oficinas del Ministerio de Agricultura. Nos miraban con asombro, tres blancos bajándose de dos canoas cargadas de bicicletas y bolsos. Nos presentamos con las personas que allí estaban y de paso les pedimos si podíamos tirar las carpas. 'Yo soy Jon de España' dice el vasco en ingles mordiéndose la lengua, 'Markus de Alemania' y 'Pablo de Argentina' digo, esperando el clásico 'Ahhhhhh Lionellll Messsssii' , pero no. 'El país del nuevo Papa' me dicen. ' Nuevo Papa?' pregunto, ' Sí, sí, el nuevo Papa es de tu país'. Y  Messi descansó en paz, al menos por un día.


Elige tu propia aventura

                Todavía no abrís los ojos, pero ya sabes que es de día. Escuchas un gallo que hace ya un rato interrumpe tu sueño, seguido de los cierres de una carpa. Es tu amigo alemán Markus, que, como siempre, se levanta antes que vos. El dormir sin cubre-lluvias te permitió disfrutar de las pocas brisas que ofrece la noche africana y del más espectacular cielo, pero por las mañanas no hay nada que detenga los primeros rayos del sol.
                Entre tanta luz y ruido te terminas de despertar. Miras el velocímetro, son las 6:30, arriba. Enrollas el aislante azul, el que cargas desde los campamentos del secundario, no entendés como sobrevivió ni como podes dormir diez horas en algo que nada se diferencia del suelo, será que los colchones son un invento de hace unos pocos años, pensás, mientras terminas de guardarlo.
                Te empezás a vestir para otro día de pedaleo en el oeste africano. Estás a dos días de la frontera entre Liberia y Costa de Marfil. Agarras tu remera de lana, esa que te protege del sol, ya tiene sus marcas, son casi siete meses de uso diario. Te acordás del poema que la acompañaba cuando te la regalo tu viejo, hablaba de una armadura, vaya si lo es, también te regalaba su complicidad.
                Un chino en boxers interrumpe tu flashback. 'Good Mourning' te dice en un ingles muy rustico. Respondes con una sonrisa. Es uno de los cuatro chinos de la FAO que te dejaron armar la carpa al lado de su casa. Están aquí para enseñar a los locales a producir alimentos.
                Desarmas todo casi de memoria. Sabes que el cepillo de dientes va último y que la bolsa de dormir va en la misma alforja que las zapatillas. Cualquier cambio significa que ya nada entra. Cargar todo lo que necesitas para vivir en tres bolsos tiene cierta ciencia en el armado.
                Mientras preparas la bici hablas con Markus. Hoy es un día relativamente tranquilo, solo 90 kms de asfalto, que en África significa 30% asfalto, 40% asfalto con cráteres y 30% directamente tierra.
                Foto con los amigos asiáticos, cargas tres litros de agua hervida que te regalan y a la ruta. Vas hasta el pueblo a tres kilómetros a desayunar algo. Encontrar té o café no es siempre fácil. En este caso solo hay 'Atay' (té verde muy fuerte) con mucha azúcar. Le agregas unas bananas y tenés un perfecto desayuno. A pedalear.
                Hace calor, la ruta es un sube y baja constante y la humedad de la jungla se siente. Los músculos todavía duelen del día anterior y tardas un rato en entrar en ritmo de nuevo. Pasan dos horas y estas necesitando un parate. Hay un techito de paja y debajo venden frutas tropicales. Sentados bajo la sombra, vos y tu amigo se comen una enorme ananá por menos de un euro.
                De nuevo en la ruta sos una celebridad. Como la reina de la primavera vas regalando sonrisas y saludos a tu paso. Los gritos vienen de todos lados, ya estas un poco cansado de ser el centro de atención pero lo aceptas como parte del combo que compraste.
                Enchufas el mp3 que te regalaron tus amigos del trabajo antes que emprendieras esta aventura. Suena Pink Floyd con 'The great Gig in the Sky'. Con el cielo azul de fondo, vas pasando por aldeas rodeadas de plantas de banana y mangos que cuelgan como adornos de navidad. El contexto y la canción hacen que te pierdas en tu cabeza. Pensás en el milagro que estés ahí en ese momento. Todas las cosas que ocurrieron y las que no. Estarías allí si esa mañana, que volviste a recordar lo hermoso que era pedalear, tu amigo Carlitos no te decía 'Anda a darte una vuelta en mi bici que tengo que leer para la facu'? . Te vas mas lejos, estarías allí si esa tarde bonaerense aquel joven estudiante de agronomía no hubiera tenido el coraje de ir a hablar con su compañera que tanto le gustaba (que después sería tu madre)?. Y más aún, menos mal que el tatarabuelo zafó de la peste esos años difíciles en Italia pensás... uffff.. ' Somos los boletos ganadores de la lotería' dice Jostein Gaarder... que loco.. ser consciente un ratito de ello te roba una gran sonrisa, como si nada pudiera ser mejor.
                La subida se hace larga y te corta la inspiración. No podes parar de transpirar, el termómetro marca 39°. Tomás un poco más de agua y a seguir empujando.
             
   Llegas a un pueblo después de unos 60 kms.  Son las dos de la tarde y hay hambre. Después de unos quince minutos preguntando donde se puede comer encuentran una 'mama áfrica' que tiene arroz con salsa de hojas de mandioca. Es lo que venís comiendo hace dos meses pero siempre lo encontrás exquisito. Sos un paladar fácil después de pedalear tantas horas. Te sentás en un banquito en la calle y te deleitas con tu almuerzo. No pasan cinco minutos que tenés diez personas alrededor, algunos solo te miran, otros te preguntan cual es tu misión en Liberia. Acá no hay turistas. El primer  murmullo general es cuando les decís que venís pedaleando desde la capital, cuando contás la historia completa es aún peor. Hablan entre ellos mientras terminas tu arroz, sabes que hablan de vos sin entender que dicen, pero ya estas acostumbrado.
                Arriba de las bicis nuevamente. Te despedís de los curiosos y cargas agua en el pozo del pueblo, ya te tomaste toda el agua que tenías. Faltan los últimos 30kms, último tirón.
                La tarde se hace larga y si bien el sol empieza a aflojar la cabeza ya quiere llegar. El mp3 se descargó por lo que, aburrido, empezás a cantar. Es tu mejor reproductor musical, de repertorio infinito y batería inagotable. Esto despierta sonrisas en los locales que probablemente ahora piensan que todos los blancos cantan así.
                En la ultima ciudad te comes un pescado cocinado a las brasas en un chulengo y salís a buscar un lugar donde armar campamento antes que oscurezca. La ciudad no es muy amigable y deciden probar en las afueras. En las primeras casas no tenes suerte, ni siquiera entienden lo que querés. Siguen unos kms y de nuevo. Esta vez hay que hablar con el 'Chief' (sería como el cacique o jefe). La ceremonia es siempre la misma y ya la conocen de memoria: Primero se visita la casa del 'Chief', que obviamente no está. Sillas o banquitos para los aventureros y te ofrecen agua para tomar. De a poco la aldea te rodea, todos te miran, sonríen, algunos bebes lloran. Después de unos minutos llega el ´Chief`'. Es viejo y no habla ingles. Uno de los más jóvenes hace de traductor. Vos y tu amigo se presentan, cuentan que hacen allí con unas veinte personas de espectadores. El Chief escucha atento la traducción y luego de unos minutos de deliberación acepta.' Pueden instalarse donde quieran'. Ahora empieza la segunda parte del show. Buscas un lugar para acampar, siempre rodeado de una docena de curiosos. Sacas la carpa y aparece aún más gente. Una vez todo armado te ofrecen un balde de agua.. es la gloria misma después de un día de tanta transpiración. Markus va primero. Unos diez minutos después te toca a vos. Desnudo en cuclillas te tiras agua fría en el cuerpo. Increíblemente solo medio balde te es suficiente para bañarte. Cuanto derroche requiere nuestro confort... pensás mientras terminas de secarte. Fresco te pones tu remera y pantalón más limpios (limpieza relativa, más limpio que la ropa que usas para pedalear pero lejos de los estándares de lo que se entendía por limpio en tu vida normal).
                Entre una cosa y la otra se hicieron las ocho de la noche. Todavía queda gente mirando las carpas, pero la mayoría ya se fue. Estás cansado. Tomás la pastilla para la malaria, te lavas los dientes y te tiras en la carpa. Hace mucho calor. Apoyas la cabeza en tu 'almohada' (funda de bolsa de dormir rellena de ropa) pero no logras dormirte. Pensás en que lindo sería que tu familia y amigos vivieran en carne propia lo que es el día a día de esta aventura africana. . Bajo la luz de la linterna, sacas cuaderno y lapicera  y te pones a escribir lo que pasó hoy.


Clandestino

                Voy a contar lo que fueron los días más difíciles en el África sub-sahariana. No me enorgullece, pero lo volvería a hacer, pues no me tenía mucha opción.
                La historia comienza en Sierra Leona. Nos llega el rumor de que la frontera entre Liberia y Costa de Marfil estaba cerrada, lo cual implicaba un cambio de planes en el itinerario. Googleamos y efectivamente un problema con rebeldes había llevado a Liberia a cerrar las fronteras en Octubre 2012. Preguntamos en la embajada de Liberia antes de hacer las visas y listo, pensamos.
                Una vez en la embajada nos dicen que las fronteras estaban abiertas, que no pasaba nada y se podía cruzar a Costa de Marfil sin problemas. Hicimos las visas, el plan original Sierra Leona-Liberia-Costa de Marfil seguía en pie.
                Con los días nos olvidamos del problema. En Monrovia (Liberia) hicimos las visas para Costa de Marfil sin sobresaltos y nadie mencionó nada sobre las fronteras.

              

  Después de pedalear una semana, los últimos dos días por caminos de tierra y piedra en terrible estado, subidas y bajadas tan empinadas que por momentos obligaban a empujar la bici a pie, llegamos al cruce de frontera. 'Esta frontera está cerrada y no hay forma de que pasen' nos dice de muy mala manera un oficial de inmigraciones desde su camioneta. 'No pierdan el tiempo por que no van a pasar' siguió. La bandera de Costa de Marfil flameaba a 50 metros de donde estábamos parados.
                Sentados al lado del edificio de inmigraciones, cansados, empapados por la transpiración, no sabíamos que hacer. Jon y Markus tenían visas validas para entrar a Guinea, por lo que solo habían hecho unos días de pedaleo gratis pero podían subir hasta el país vecino para luego entrar desde allí a Costa de Marfil. Quien les escribe no solo ya había usado su visa de entrada única a Guinea, sino que no tenía más hojas en el pasaporte en caso que pudiera hacer otra.
                Que hacemos? Treinta minutos sentados sin hablar. Yo mordía bronca y nervios, esperaba darle lastima a algún oficial para que nos deje pasar... Nada pasó... Ya no tenía más ganas de pedalear, menos por las rutas que veníamos transitando. Volver hasta la capital para probar suerte en la embajada de Guinea y que me pusieran una visa en una de las tapas era al menos una semana y de resultado incierto. Otra opción era entrar ilegalmente a Guinea. Yo era el único con problemas y la frontera estaba a un día de pedaleo. Decidimos probar esto último.
                Los caminos de tierra estaban en tan mal estado que en toda una mañana transpirando alcanzábamos los 30 kms, A eso de las tres de la tarde llegamos a la frontera, yo era una bola de nervios.
                Que hacemos con los oficiales de Liberia? Les explicamos el problema o nos hacemos los tontos? Si me sellaban la salida de Liberia pero después no podía entrar en Guinea me quedaba a vivir en tierra de nadie. Expliquémosle dijimos, seguro nos entienden. Inocentes.
                Apenas les comentamos un poco cual era el problema que teníamos, el oficial a cargo nos llevo a un cuartito. No sonríe, la cara es la del típico malo de telenovela. Se sienta, otro oficial de uniforme lo sigue, cierra la puerta y se le sienta al lado. 'Dame USD 150 y te escolto hasta la frontera de Guinea'. La cagamos pensé, la cagamos mal, vieron el negocio al instante, que inocentes!... Ahora no solo había que sobornar al oficial de Guinea para pasar sino que también los de Liberia querían plata.
                Después de discutir  un rato la estrategia (y por suerte los chicos tenían teléfonos!) decidimos que Jon iba a ir hasta Guinea, el podía entrar sin problemas. Desde allí nos iba a averiguar si podíamos pasar con mi pasaporte sin visa y de acuerdo a lo que le digan seguimos.
                Fueron quince, veinte minutos donde yo no tenía más uñas para morder... el teléfono suena.. no escucho bien pero entiendo que Jon me dice 'No les pagues, acá lo arreglamos', 'No se bien el precio pero acá lo arreglamos'. Al rato me llama de nuevo 'Por unos USD 80 pasas acá sin problemas'. Osea que nuestro amigo de Liberia nos remarcaba un 100% solo para dejarnos salir.
                Ahora venía lo más difícil, me tenía que sentar con el oficial cara de malo, explicarle de alguna forma que no le iba a pagar su coima pero que iba a pasar igual. Se me ocurrió decirle que había una extensión de mi visa posible en la frontera. Nuevamente en el cuartito la guerra empezó. 'Me acaba de llamar mi amigo, me dijo que puedo hacer una extensión en la frontera, asique solo necesito que me sellen la salida'. Ellos saben que esa extensión no existe, pero no pueden hacer nada. Con tremenda cara de enojo y un negocio que se le empieza a escapar me dice: ' Yo no te puedo dejar salir sin visa, si querés salir tenés que pagar'. Luego de diez minutos discutiendo, pidiéndole por favor que haga su trabajo y selle, el hombre aceptó la derrota. Mis nervios estaban por las nubes. Agarramos las bicis, bajaron las cadenas y salimos de Liberia... que alivio fue cruzar... me sentía rehén del oficial de turno.
                Después de unos kilómetros donde yo era pura adrenalina llegamos a Guinea. Jon nos esperaba sentadito. De nuevo oficina, esta vez con el jefe de Policía. 'Son 500.000 Guinea Francs'. Le pagamos. Este por lo menos era simpático. 'Tienen que ir directo a la frontera de Costa de Marfil, no anden dando vueltas por ahí'. Ya estaba oscuro, así que decidimos pasar la noche en la escuela del pueblito fronterizo y la mañana siguiente salir.
               
En esta región Liberia, Costa de Marfil y Guinea tienen una triple frontera, marcada por el Mt. Nimba. Nosotros le estábamos dando toda la vuelta. La siguiente mañana de pedaleo fue en un escenario increíble. Con el Nimba a la derecha vigilando, una carretera angosta de ripio rojo que se paseaba por aldeas bien tradicionales. Una mañana perfecta para estar arriba de la bici.
                El estar 'flojo de papeles' no me dejaba la cabeza tranquila. Cualquier check point militar o policial podía volverse un gran problema, yo estaba sin sello de entrada al país ni visa.

              

  Finalmente, y con fortuna, llegamos hasta la frontera de Costa de Marfil sin sobresaltos. Había que pasar solo el último obstáculo, el sello de salida. Pusimos mi pasaporte último para que el chequeo llegue menos riguroso. El oficial de Guinea es bastante charlatán, Jon habla francés y lo mantiene distraído. Sella rápidamente los tres pasaportes con la salida. 'Ya está' pensé... pero no. Los toma de nuevo, el mío primero, y empieza a revisar hoja por hoja... que busca? Me preguntaba mientras se me paraba el corazón. Le empecé a hacer señas a Jon para que le siga hablando, pero Jon ya no sabía que tema sacarle. 'Busca el numero de pasaporte?' Le pregunta Jon después de unos segundos que se hacían eternos, 'está acá' mostrándole la primer pagina. Parece que efectivamente era lo que buscaba, anotó en su libro de  salidas y lo dejó a un costado. Lo mismo con los otros dos y 'Bon Voyage'...el alivio fue inexplicable. Rápidamente cruzamos la frontera. Una vez en Costa de Marfil, todo en regla nuevamente.
                Esa tarde, cuando me relajé, levanté fiebre. Pensamos que podía ser malaria. Ahora con el tiempo entiendo que no, era mi cuerpo haciéndome saber que África me había llevado al límite físico y psicológico.


Infinita Estupidez

'Hay dos cosas que son infinitas, el universo y la estupidez, pero no estoy tan seguro de la primera' A. Einstein

Basilica de Yamoussoukro


               Muchos nos enteramos que existía un país que se llamaba Costa de Marfil cuando apareció en el grupo de Argentina en el mundial de Alemania 2006. Su historia no es muy diferente al resto y está marcada por la guerra. El norte, pobre, formado por inmigrantes de países islámicos se pelea con el sur, rico y católico. En este contexto, un presidente quiso marcar terreno. Decidió que su ciudad natal tenía que ser la capital, la llenó de avenidas de seis carriles y construyó una basílica apenas más chica que la del Vaticano ( a pedido del Papa). En un país donde las necesidades abundan, caminar por Yamoussoukro es una invitación a vivir la estupidez humana. (Eviten comparaciones con Santa Cruz)


Días de Locos

                El centro de los rebeldes (el bando del norte) durante la guerra civil fue la ciudad de Bouake. Fue también en esta ciudad donde nos tocó vivir una experiencias muy lindas, en unos días de locos!.
                Markus venía juntando donaciones en su blog para un hospital psiquiátrico, donde atienden enfermos de todo el país. Debido a las tradiciones y creencias en las aldeas, los esquizofrénicos reciben un trato terrible, que incluye encadenaciones, golpes y hasta expulsión de las aldeas. El hospital St. Camille los recibe y brinda tratamiento casi gratuito.
              

  Bouake es una ciudad que no tiene mucho atractivo más que edificios destruidos por bombas. Fuimos hasta allí solo para visitar el hospital. Sorprendidos, al llegar, tenemos una recibida fenomenal. Con tres sillones bajo una carpa, unos cincuenta o más pacientes nos esperan cantando. Micrófono en mano nos dan la bienvenida y Markus tiene el trabajo de contar un poco sobre nuestro viaje. Somos tratados como reyes, nos invitan a almorzar y tratan de ud. No nos lo merecemos!. Ajaja
                El próximo día recorremos las instalaciones. Locos desnudos vienen y nos saludan, otros miran a lo lejos, vaya a saber que pensaran... Todo es muy básico, pero seguro es mejor que estar encadenado a un palo. Es interesante que la mayoría del personal son enfermos recuperados.
                Por la tarde hay una conferencia de prensa donde cuentan sobre el trabajo que esta haciendo el hospital, hablan enfermos y Markus habló nuevamente del viaje, con la asistencia de la prensa local y todo.
                Nuestro minuto de fama no terminaría allí. Tirados, charlando con Jon, se nos acercó un marfileño que hablaba perfecto español. Es un profesor de la universidad local y nos quería invitar a participar de su conferencia sobre las oportunidades que brinda el estudiar español. Obviamente aceptamos y pospusimos un día nuestra salida de la ciudad.
                Las instalaciones de la universidad están a estrenar. En un aula con forma de anfiteatro, nos sentaron a los costados del profesor, en la mesa de disertantes, frente a unos cuarenta estudiantes. No teníamos mucho para decir, no somos especialistas en el tema, pero para ellos era muy interesante tener dos personas cuya lengua materna es el español. Respondimos algunas preguntas y contamos algunas cositas de nuestro viaje que siempre despierta mucho interés. Hubo canto y hasta una representación teatral, todo en español. Al finalizar, nos sacamos fotos con casi todos los estudiantes y salimos a almorzar con los profesores.
                Así terminaba nuestra estadía en esta ciudad. Nos despedimos de Jon, que tenía vuelo desde Abidjan y partimos rumbo a la frontera.

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                Ahora en Ghana disfruto de mis últimos días en África. Se vienen las lluvias, el cansancio y desgaste de pedalear en estas tierras y un pasaporte que ya no me deja moverme sin renovarlo me obligaron a cambiar el rumbo.
                Fueron cinco meses en este continente y muchas las enseñanzas. En un revés a mi ignorancia, a los que hace un tiempo eran un rejunte de países pobres y peligrosos los llene de anécdotas, paisajes, color y olores.
                Fui paseando todas mis libertades frente a personas que están atrapadas en un circulo de donde muy pocos salen. No recibí hostilidad, no recibí bronca, solo una clase de humanidad, miles de sonrisas y una mano cada vez que la necesité. Esto también es África.

                Ahora vuelo a Roma, donde me junto con un loco amigo italiano. No hay itinerario claro, solo sabemos que vamos a pedalear mirando el sol naciente, hasta llegar a la India. Las aventuras están aseguradas.



Nota: Las fotos son de Jon y Markus.  Mi camara waterproof murió... al sumergirla...


viernes, 22 de marzo de 2013

Cambio de Paradigma


Es común entre viajeros la charla de 'Que bueno sería viajar toda la vida',  trabajar solo dos meses o incluso encontrar la forma de no trabajar. Yo generalmente estaba de acuerdo.
La idea que hay detrás es un concepto del trabajo que es el que nos enseñan en la escuela y que está instalado en la sociedad. Trabajar como algo que 'hay que hacer' para ganar plata y así sobrevivir en este mundo. Incluso los modelos económicos que me enseñaban en la facultad hablaban de individuos que optimizan cuantas horas de trabajo quieren ofrecer teniendo en cuenta el salario y la des-utilidad que este les brinda, en contraposición con las horas de ocio y la utilidad que esto significa.

Hoy mis ideas han cambiado. Una de ellas es el concepto de 'trabajo'. Me inspira entender el trabajo como la más poderosa herramienta para cambiar la realidad, nuestra, de nuestra sociedad y de los que vendrán. Entonces el fruto de nuestro esfuerzo pasa a ser algo increíblemente más gratificante que unos cuantos papeles de colores a fin de mes. Por otro lado el viajar para mí ha pasado a ser una escuela y como tal uno debe sacarle el jugo, aprovechar todo lo que nos enseña del mundo y de nosotros mismos, pero luego de un tiempo hay que saber aplicar lo aprendido en la práctica, sino uno se vuelve un observador, como muchos teóricos, doctores, phd, perdidos en libros y papers, pero que nunca meten las manos en el barro.

Por todo esto creo que la aventura no será in-eternum. Llegará el día en el que quiera con mis manos y neuronas transformar, entonces estacionaré la bicicleta.

Nada de esto pasaría por mi cabeza sin el ejemplo que tengo en casa, un altruista que, contra viento y marea, dedica su vida para que sus nietos tengan un mejor lugar donde vivir.




sábado, 9 de marzo de 2013

sos África




  ‘Ey, give me something’ . Te gritan bajo un techo de paja, riendo, sin esperar respuesta. 



 África necesita,  África pide y esto se volvió cultura. Principal destino del asistencialismo mundial, la presencia de  ONGs  y proyectos financiados por las principales potencias es impresionante. Las donaciones de ropa se venden en la calle e invitan a situaciones tragi-comicas, como niños vistiendo remeras de un ex-punk aleman, con la inscripción de Sexo, Drogas y nada más, o la remera de una egresada de un secundario de Boston, que la madre le limpio el armario y su remera con el nombre de todos sus compañeritos fue a vestir un muchacho que cava pozos en Guinea.
Esta ha sido la respuesta del capitalismo y occidente para un continente que mantiene formas de vida y medios de producción ancestrales. Con una  gran mayoría de la población en zonas rurales produciendo en forma artesanal lo mínimo solo para consumir e intercambiar, no existe ese excedente, ese capital combustible del sistema. He pedaleado durante días por las principales rutas sin ver un solo camión transportando mercadería.  Lo que reina aquí es la subsistencia.
              Pero a su vez África también empieza a soñar con occidente y sus niveles de consumo. La televisión, internet, muestran un mundo de fantasía, muy lejos de la realidad. Por ejemplo mirando el partido del derby español en un ‘restaurant’ local, las publicidades en el entretiempo mostraban la nueva camioneta de Ford, nuestros compañeros de mesa jamás podrían ni llenarle el tanque a semejante vehículo. Esto es lo que ven cuando ven a un hombre blanco.
              En este gris yo no sé si mas capitalismo es la solución, no lo ha demostrado ser en el resto del mundo, sino todo lo contrario, en muchas partes ha traído solo mas desigualdad y pobreza. Pero de ser así, de ser la solución para tanta hambre y miseria,  hay que ver si nuestras queridas ‘Mamas Áfricas’ están dispuestas a dejar de pelar naranjas bajo la sombra de una palmera, para pasar a vestir una camisa a rayas roja y blanca,  freír papas fritas todo el día y competir por ser la ‘empleada del mes’.

domingo, 3 de marzo de 2013

África

 Nunca soñé visitar Sierra Leona, es más, solo el nombre me traía imágenes de niños soldado, rebeldes descorazonados, el caos total y la vida que no vale nada. Habrá sido para enfrentar mis miedos y prejuicios que el destino, una bicicleta y unos cuantos platos de arroz me trajeron hasta esta jungla. Me cuesta entender como llegue hasta acá, en dos meses pase de estar en la extensión más grande e infértil del planeta a la humedad y color del África negra. El mundo se me ha vuelto un lugar mucho más chico. Hace seis meses que los domingos son lo mismo que los lunes, que rara vez me acuesto después de las diez de la noche y que no tengo otro despertador más que los rayos del sol. Los días se me pasan transitando un caminito al costado del mundo que no sé donde termina. No es nada fácil, no es un viaje de placer, nunca emprendí algo que me demandara semejante sacrificio, pero tampoco, nunca, sentí tan de cerca el vértigo y la magia de estar vivo. Hace seis meses que deje de contar billetes para empezar a contar anécdotas, aquí debajo y con muchísimo placer, se las dejo regaladas:

  • Construyendo castillos de arena
                Cruzar el Atlas en Marruecos era un desafío más que interesante, no solo por los 2300 mts de altitud del paso en la cadena montañosa sino porque del otro lado me esperaba el gran desierto del Sahara y el pueblo Berber. Lejos de lo que uno se imagina cuando piensa en el desierto y sus clásicas dunas, mi primer contacto fue un encuentro con grandes montañas de rocas y tierra, frías, estériles. En sus valles pasan ríos del deshielo del Atlas, allí se ubican los pueblos de origen Berber, previos a los árabes y conquistados por estos últimos.
                Todas las construcciones tienen el color rojizo de la montaña, porque son parte de la misma, como si le pidieran prestadas sus rocas y tierra para moldearla con agua y dejar secar, como construyendo castillos de arena. Bajando por estos valles me encontraba el 24 de Diciembre, se hacía tarde y ni siquiera tenía donde dormir. En un pueblito un partido de futbol en la ruta detuvo mi paso, allí apareció un señor que me invitó a su hogar. Abdel Halim me hospedó durante tres días, compartiendo lo poco que tiene, dueño de un gran corazón. Entre té, pan y sopa se paso la Nochebuena. El 25 me encontró ayudando a mi amigo marroquí a construir su nueva casa del otro lado del valle, un trabajo artesanal que requiere de fuerza y paciencia, apilando rocas para una primera base solida y luego armando grandes ladrillos de barro. Si bien el cous cous que compartimos al costado de la construcción estaba muy rico no pudo hacerme olvidar el cordero al palo que tenía en mi cabeza.
                Saltando de oasis en oasis se fue acercando el año nuevo. Buscando compañía occidental para el festejo (los árabes tienen otro calendario) fui hasta un pueblo 'turístico', donde solo encontré jubilados franceses que escapan del frio y se instalan meses con sus motorhomes en el desierto. Si perfilaba mal, el festejo  empeoró cuando el 31 me llegó un mail de la pareja con la que iba a cruzar el Sahara diciendo que abortaban la misión y se volvían a sus casas. A eso de las ocho de la noche todo el pueblo dormía, mi cabeza era un torbellino de ideas cruzadas. 'Feliz Año Nuevo Pablo!' me dije a mi mismo antes de dormirme en la carpa.
                Fueron días difíciles. La soledad ya me raspaba los huesos. Pedaleaba sin saber qué hacer. La angustia era en parte sanada por la hospitalidad de un pueblo marroquí que me abrió las puertas de sus hogares y familias una y otra vez.
                Después de estas semanas de incertidumbre respecto a como seguía mi viaje, me puse en contacto con Dan y Kumi. Un sudafricano y una japonesa que se embarcaron en la aventura de ir en bici de Londres hasta Sudáfrica, pero que el plan les quedo un poco exigente y finalmente pusieron de objetivo Dakar, Senegal (África es mucho más difícil que unos cuantos kilómetros en el mapa). Dan tiene unos cuarenta y pico, dejó su esposa e hijas por unos meses en su casa en Londres para hacer este viaje, también dejó atrás los dos atados diarios que solía fumar y lo estaban matando. A su viaje se unió Kumi, japonesa,( de 56 años!), que le pareció divertida la idea y sin familia ni nada que la até decidió animarse a pedalear.
                Juntos  salimos hacia el Sahara Occidental y así, casi sin darme cuenta, todos los sentimientos de angustia se habían ido, como también pasan los de máxima felicidad, están un rato y desaparecen, como los castillos de arena, cuando pasa la ola.


  • Passeport s'il vous plaît
                Hablar del Sahara sin hablar de la gendarmería y los militares sería como comentar sobre la pinguinera sin nombrar los pingüinos. Esta región del mundo tiene un nivel de militarización fenomenal, cada país con sus propias razones.
                Hacia el sur de Marruecos nos encontramos con el Sahara Occidental, una ex-colonia española ocupada por Marruecos hace más de 30 años. Son unos dos mil kilómetros de tierra costeando el Atlántico, de riqueza marina y subterránea. En los primeros mil kilómetros uno puede engañar a cualquier persona y hacerle creer que está en la ruta 3 camino a Rio Gallegos, solo tendría que cambiar los camellos por los guanacos. Luego la arena pasa a ser la gran protagonista y todo se vuelve más difícil.
                Este territorio contó con una gran resistencia de su pueblo, los Saharahuis, que no se reconocen marroquíes (de hecho la ONU aun no reconoce el territorio a Marruecos). El movimiento fue controlado pero las fuerzas militares hacen un gran esfuerzo para que ninguna noticia de la resistencia salga al mundo, y todo turista es visto como un posible vocero de lo que sucede allí. Esto se traduce en muchos controles militares y policiales en la ruta, a veces con 5 kms de separación. Las preguntas son siempre las mismas y mientras uno no diga que es de profesión periodista generalmente pasa sin problemas. El trato siempre fue muy bueno, con sonrisas y curiosidad por los locos ciclistas.
                A medida que nos acercamos a Mauritania la relación se volvió más cercana. Los gendarmes estaban preocupados por donde dormíamos y comenzaron a buscarnos alojamiento, dando lugar a anécdotas divertidas, como un señor que nos paro en el medio de la nada, solo una casita fantasma al costado de la ruta, y diciendo que la gendarmería habló con él nos invitó a pasar. Aceptamos, siempre es mejor un techo y paredes que viento y arena. Luego nos ofreció ducha de agua caliente, sorprendidos, ni dudamos. Nos hizo cruzar la ruta hasta un cuarto de maquinas, caños por todos lados y olor a huevo podrido, no entendíamos que tenia eso de ducha. Tomó una pinza enorme, aflojó una tuerca del mismo tamaño y los caños empezaron a largar agua termal casi hirviendo en todas las direcciones. Fue el mejor baño que me di en Marruecos, un literal sauna, todavía me arden los ojos del sulfuro.
                Entrar a Mauritania es una aventura en sí. Las reiteradas peleas con su vecino del norte dieron lugar a una frontera que está minada hace muchos años y nadie se preocupa por limpiar. Son cuatro kilómetros de tierra de nadie, huellas de autos que se pierden entre dunas de arena y mucho viento, la imagen apocalíptica la completan los pedazos de chasis de vehículos que se equivocaron de camino. Tuvimos que caminar casi todo el paso por la cantidad de arena que había, las huellas se pueden ver con claridad y uno solo tiene que seguir a los autos de los locales que saben bien el camino.
                Basta solo ver el uniforme de los gendarmes de Mauritania para entender que su suerte no es la misma que la impecable gendarmería real marroquí. El verde oliva, boina y anteojos negros, cual película de guerra africana, es lo que visten quienes dan las ordenes ahora. Todavía no entiendo como no le molestaban todas las moscas en la cara al militar que tomaba mis datos al entrar al país.
                Alcanza con juntar arena, viento, cabras y basura para describir este país de transición entre el mundo árabe y el África negra. De nómades en carpas y camellos, parece que el viento y la arena forjaron el carácter de un país con pocas sonrisas. La arena aquí es la que manda. Ganándole la batalla al sol, el cielo se vuelve gris en el horizonte. En la ruta los camiones y el viento pegan latigazos al pasar, la comida se vuelve 'crujiente' y acampar en la intemperie es una misión imposible.
                La relación con las fuerzas armadas siguió siendo muy cercana de este lado de la frontera. Con chequeos cada 50 kms para evitar tener movimientos rebeldes en su territorio, vamos pasando un desierto que se vuelve cada vez más hostil. Al segundo día de pedaleo, combatiendo un viento de frente que parecía robarnos toda la energía, nos detuvieron los gendarmes y con ordenes de superiores cargaron nuestras bicis en una camioneta y nos transportaron unos 15 kms hasta el próximo check point militar. Nos dejaron todo el día masticando arena y al otro día nos pasaron a buscar para llevarnos 250 kms mas adelante, a una zona ´libre de riesgo´. No entendíamos bien que pasaba y nadie nos daba una explicación. Después deducimos que dado los problemas de secuestros en Algeria prendieron la alarma en Mauritania y para evitar tener problemas con el gobierno de Cristina decidieron sacar a los ciclistas del medio del desierto. Nada fue alarmante ni parecido, tomando té y con mucha tranquilidad buscaron evitar correr riesgos y nosotros aceptamos.
                Una vez en la África negra la relación con las autoridades pasa a ser más una charla sobre nuestro viaje, que generalmente agrupa más de diez personas alrededor de las bicis en cada control policial, gritan y sonríen cuando descubren desde donde venimos. Con gran fama de corruptos, los policías de esta región del mundo hasta ahora jamás nos pidieron una coima, será por nuestro look desfachatado, después de pedalear cuatro días en caminos de tierra sin un baño de por medio. Solo, a veces, la charla termina con un policía pidiéndote un 'souvenir' o el numero de celular para llamarte y que le des una mano cuando decida irse a vivir a tu país.


  • Mañana: cielo estrellado
                Ser meteorólogo en el Sahara debe ser uno de los trabajos más fáciles del planeta, bastaría poner un cartel que diga: 'Soleado toda la semana'. Pasé más de un mes sin ver una sola nube, con días que la temperatura superaba los 40 grados (eso que es invierno).
                Los vientos también son grandes protagonistas. Generalmente soplando del noreste, empujaban la bici alcanzando velocidades promedio ridículas. Pero cuando, por capricho de la naturaleza o la ruta, el viento venia de costado o de frente uno toma verdadera conciencia de quien manda en el desierto.
                Las noches son frescas y el cielo se mantiene totalmente limpio, estrellado. Es tan estrellado que no hay zonas de oscuridad, si uno mira con detenimiento, entre las estrellas que más brillan, uno encuentra que hay millones más, perdiéndose en ese infinito, en esa incomprensible idea de pertenecer a algo tanto más grande, sin límites. Mientras miraba este cielo me acordaba de un documental sobre el universo y una de las leyes de la física que dice (a groso modo y perdón entendidos) que ‘este universo sufre un constante cambio irreversible’. Yo puedo construir un castillo de arena, pero es imposible que lo vuelva a hacer igual. Este cielo que veo hoy es único, mañana ya no será igual, nada se repite. Mañana no seré el mismo, ustedes tampoco.

Al otro lado del río
                Jamás sentí tan claramente el efecto de la naturaleza en mis sentidos como cuando cruce el Río Senegal. El cambio es tan radical que es imposible no percibirlo. Dejábamos atrás 25 días de viento y arena para andar los primeros kilómetros en el África negra, cuya puerta de entrada es Senegal.
                Eran las cinco de la tarde y el sol caía cuando bajamos del ferry. Pasamos rápido el papeleo y directo a la ruta. El aire era mas húmedo, se podía oler la vegetación a los costados, los insectos y animales le daban música al espectáculo. Como la naturaleza, la gente es muy diferente, ya no hay carpas sino aldeas tribales, casitas de paja, niños que sonríen y saludan al costado de la ruta. Empezaba a transitar por esa África que uno imagina cuando cierra los ojos.


  • Buena suerte y hasta luego
                A medida que nos acercábamos a Dakar se me iba acortando el tiempo. Era el punto donde tenía que decidir si seguir por África solo o pegar la vuelta. Y el día llego sin un plan claro en mi cabeza. Me despedí de Dan y Kumi con tristeza, pedaleamos un mes juntos, compartimos horas de charlas, días muy duros de pedaleo y muchas sonrisas. Nunca se sabe las vueltas de la vida si nos volveremos a ver pero nunca me voy a olvidar de estos titanes con los que cruce el desierto.
                No tenía una sola razón para no aprovechar la oportunidad de pedalear en el oeste africano. ‘Usa el sentido común, no hagas cosas estúpidas y vas a estar bien’ fue uno de los consejos que alguna vez me dieron. Me subí a la bici y salí.
                Pedalee dos días hasta llegar a Gambia, una ex-colonia británica metida en el medio de Senegal, donde lo que uno más se encuentra son señoras occidentales de 60 años con novios africanos de 20. La suerte estaba de mi lado y en el mismo camping donde pare, también había un ciclista alemán. Markus  viene desde su ciudad porque un día tomando café To-Go decidió que tenía que ir hasta ese país en bicicleta, año off de la consultoría y a pedalear. Sacamos las visas de Sierra Leona y Guinea, crestas en la peluquería local y arrancamos.


  • De Brancos Peleles y Mamas Áfricas
                África es el continente de los niños. Son mayoría y enloquecen al ver un blanco, mas si viene en bicicleta. Están los que lloran y corren a su casa, están los que se acercan y quieren tocar tu piel, tan diferente, y también están los que piden un poco más que un saludo. Uno pierde toda identidad y pasa a ser un ‘blanco’. El grito en la ruta depende de la etnia, pero va desde Tubap, Tubaco, Branco pelele, Porto, Aporto, etc. Siempre acompañado por una sonrisa de oreja a oreja esperan expectantes la devolución del saludo. El afecto es siempre lindo, pero ser tanto el centro de atención cansa, uno se siente un jugador de futbol famoso (de paso: es ridícula la cantidad de camisetas de messi), es parar a comer una naranja y tener 20 personas alrededor mirando, somos  como animalitos en el zoológico.
                Otro personaje infaltable de esta África negra son, las bautizadas por nosotros, ‘Mamas Áfricas’. Señoras de gran tamaño, con sus ropas típicas africanas, generalmente muy simpáticas y gritonas. Cargan en sus cabezas frutas, ollas y otras cosas. A los costados de su cintura generalmente se ven dos patitas, del bebe que va atado con un trapo en la espalda. Ellas ofrecen al costado de la ruta o en la vereda todo lo que necesitamos para vivir: Un arroz con algún acompañamiento, o cous cous, baguettes, y muchas frutas, como naranjas, bananas, mango y ananás. También tienen el café o lait local, 1/3 de leche condensada, cucharada de café y agua caliente en una gran taza. Los precios son tan bajos que es difícil consumir más de un euro. Sin ellas nada sería lo mismo.


  • Diarios de Bicicleta
                A medida que nos acercamos al ecuador la vegetación se hace más intensa, pasando de una especie de sabana en Senegal, a la jungla y las montañas en Guinea. Los países son cada vez mas inexplorados, las rutas mucho mas difíciles.
                Después de Senegal y la famosa región del rio Casamance, entramos en Guinea-Bissau, una ex-colonia portuguesa. Es un país muy pobre a pesar de tener muchos recursos naturales. De extensión muy pequeña, nos llevo solo unos días cruzarlo, pero alcanzamos a tener lindas experiencias, como parar en el cine de una aldea, donde los blancos intentaban dormir mientras toda la aldea miraba una película de acción. Lejos del cine que se imaginan esto era un galpón con bancos de iglesia y un televisor 20 pulgadas con el volumen a todo lo que da. Otra experiencia que fue muy interesante fue parar con unos médicos cubanos, que estaban enseñando medicina y dando una mano en la comunidad. La noche se nos paso tomando café cubano, charlando un poco de nuestro viaje, de Silvio Rodriguez, el comunismo cubano y del Che.
                 Las rutas en esta parte de África no tienen más autos que algún que otro taxi compartido, viejos Peugeot cargados con quince personas y tres metros de equipaje en el techo, donde pueden ir hasta cabras  y gallinas.
Después de unos días llegamos a la otra Guinea. Nos esperaban rutas de tierra rojiza en estado deplorable, montañas, jungla y un calor insoportable. Fueron días muy difíciles para pedalear pero un paisaje que compensaba. Nos topamos con ríos y cascadas que nos sirvieron de refresco, nos cruzamos con monos, dormimos en las aldeas. Comer con la mano todos de un mismo gran plato y bañarnos con un balde de agua ya es parte de la rutina. Por las noches, incluso en las grandes ciudades, no hay luz eléctrica, mejor tener la linterna a mano.
Hace dos días llegamos a Freetown, Sierra Leona, donde planeamos los próximos movimientos, tan inciertos como todo este viaje.



Además de la experiencia increíble de recorrer estas tierras tan diferentes, África me recuerda cada día que en esta tómbola de la vida tuve la suerte de caer en un pequeño grupo de privilegiados. Privilegio que no viene porque tenemos un auto, una casa linda o una computadora, sino porque tenemos opciones,  porque podemos elegir cada mañana que queremos hacer con nuestras vidas, que rumbo tomar, la gran mayoría de los que habitan este planeta no.

domingo, 27 de enero de 2013

Cualquier camino que tenga corazón








'Solo entonces sabrás que un camino es nada más un camino, y no hay afrenta, ni para ti ni para otros, en dejarlo si eso es lo que tu corazón te dice. Pero tu decisión de seguir en el camino o de dejarlo, debe estar libre de miedo y de ambición. Te prevengo. Mira cada camino de cerca y con intención. Pruébalo tantas veces como consideres necesario. Luego hazte a ti mismo, a ti solo, una pregunta...

              '¿Tiene corazón este camino?'
                                                                  Don Juan

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